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La decisión electoral como decisión de clase: Hacia una matriz marxista para el voto en Perú 2026

Autor: Frank Hagen

Introducción: Una brújula, no un mapa

Somos marxistas y esto nos obliga no solo a mirar a los eventos políticos con la distancia del análisis, pero con el corazón puesto en las luchas de los pueblos reprimidos. No escribimos como académicos neutrales ni como periodistas «objetivos». Escribimos como militantes que han hecho suya la máxima de Marx: «Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo» (¹).

En el Perú de 2026, nos encontramos ante una nueva contienda electoral. Y como cada vez que hay elecciones, resurgen las mismas preguntas: ¿Participamos o boicoteamos? ¿Votamos por el «mal menor»? ¿Anulamos el voto como gesto de protesta? ¿Apoyamos a tal o cual partido de «izquierda»?

Fuente: Qwen-IA y edición por Frank Hagen

Nuestro objetivo no es dar una respuesta rápida a estas preguntas. No estamos aquí para decir «vota por X» o «vota por Y» o no votar o votar nulo. Eso sería dar un mapa. Nosotros queremos construir algo más valioso: una brújula.

Una brújula no te dice el camino exacto, pero te orienta. Te permite decidir, en cada encrucijada, hacia dónde queda el norte. Y nuestro norte es claro: la emancipación de la clase trabajadora, la lucha contra el imperialismo, la construcción del socialismo.

Para construir esta brújula, necesitamos herramientas teóricas sólidas. No nos guiamos por emociones, ocurrencias o moralismos. Nos guiamos por el socialismo científico, por el método que Marx y Engels descubrieron y que Lenin, Gramsci y Mariátegui desarrollaron en sus respectivos contextos.

Como escribió Lenin en una de sus obras más importantes para entender la táctica electoral:

«Nosotros los bolcheviques participamos en las elecciones al parlamento burgués de Rusia, a la Asamblea Constituyente, en septiembre-noviembre de 1917. ¿Era correcta o no nuestra táctica? Si no lo era, hay que decirlo claramente y demostrarlo; eso es necesario para que el comunismo internacional elabore una táctica correcta. Si lo era, hay que sacar de ello determinadas conclusiones» (²).

Lenin nos enseña que la participación electoral no es un asunto de principios absolutos, sino de análisis concreto de la situación concreta. Eso es lo que vamos a hacer aquí.

Nos apoyaremos en las grandes figuras del pensamiento marxista:

  • Marx y Engels, para entender la naturaleza del Estado burgués.
  • Lenin, para discernir cuándo participar y cuándo boicotear.
  • Gramsci, para comprender la larga batalla por la hegemonía en la sociedad civil.
  • Mariátegui, para anclar todo esto en la realidad peruana y su contradicción fundamental: el antiimperialismo.
  • Y también en pensadores críticos como Johannes AgnoliRobert Michels y Domenico Losurdo, que nos alertan sobre los peligros de la absorción parlamentaria y la oligarquización de los partidos.

Este esfuerzo es una herramienta de trabajo. Pero estamos convencidos de que la libertad no es una concesión, es una conquista. Y para conquistarla, hay que armarse de teoría.

Comenzamos.

Capítulo 1: El Estado burgués – No es una instancia neutral, es un instrumento de dominación de clase

1.1 La herencia de Marx y Engels: el Estado como «comité de la burguesía»

Para cualquier análisis marxista de las elecciones, el punto de partida no puede ser otro que la naturaleza del Estado. Y sobre esto, Marx y Engels fueron extraordinariamente claros.

En el Manifiesto Comunista (1848), encontramos la formulación clásica:

«El ejecutivo del Estado moderno no es más que una comisión que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa» (3).

Esta frase, tantas veces citada, no es una metáfora. Es una definición científica. El Estado no está por encima de las clases, no es un árbitro neutral que media entre intereses en conflicto. El Estado es una expresión política de la dominación económica de la burguesía.

Lenin, en una formulación aún más contundente, definió al Estado como:

«Una máquina para la opresión de una clase por otra, una máquina para mantener sometidas a las clases explotadas y oprimidas» (4).

Esta cita, en El Estado y la Revolución, nos muestra la esencia del asunto. El Estado no es un espacio de concertación, sino un instrumento de coerción y coacción al servicio de una clase.

Incluso cuando adopta formas democráticas, incluso cuando concede el sufragio universal, el Estado sigue siendo un instrumento de clase. Lenin lo expresó con su habitual claridad:

«Decidir una vez cada cierto número de años qué miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el Parlamento: ésa es la verdadera esencia del parlamentarismo burgués, tanto en las monarquías constitucionales parlamentarias como en las repúblicas más democráticas» (5).


1.2 El Parlamento como forma histórica de dominación

Si el Estado es un instrumento de clase, el Parlamento es una de sus formas históricas específicas. No es «la casa del pueblo», como repiten los manuales escolares. Es, como bien señala un análisis marxista contemporáneo:

«El Parlamento es una forma de dominación política de la burguesía. Pero no es la única forma, ni siquiera la más importante. Es simplemente una de las instituciones a través de las cuales la burguesía ejerce su dictadura de clase» (6).

El error de muchas corrientes reformistas (y de cierta izquierda «caviar») es creer que el Parlamento es el lugar donde se decide realmente el rumbo de la sociedad. La experiencia histórica demuestra lo contrario: las decisiones fundamentales (la política económica, las relaciones internacionales, el control de los recursos estratégicos) se toman en otros lugares: en las sedes de las grandes corporaciones, en las embajadas de las potencias imperialistas, en los cuarteles, en los medios de comunicación.

El Parlamento cumple, en este esquema, una función ideológica fundamental: legitimar la dominación. La ilusión de que el pueblo «gobierna» a través de sus representantes electos es lo que Gramsci llamaría un mecanismo de hegemonía: la burguesía gobierna por consenso (o por la apariencia de consenso) antes que por la fuerza bruta.

1.3 La especificidad del Estado en países dependientes: el aporte de Mariátegui

El análisis de Marx y Engels sobre el Estado es universal. Pero José Carlos Mariátegui, el fundador del socialismo peruano, nos enseñó a aplicarlo a nuestra realidad específica: la de un país dependiente, semicolonial, con una estructura económica deformada por el imperialismo.

En sus 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana (1928), Mariátegui analiza cómo el Estado peruano no es simplemente un instrumento de la burguesía local, sino de un bloque de clases dominantes que incluye a los terratenientes feudales (el «gamonalismo») y al capital imperialista.

Mariátegui muestra, por ejemplo, cómo los parlamentos y las leyes liberales son impotentes frente al poder del gamonal en las regiones andinas:

«El gamonalismo invalida inevitablemente toda ley u ordenanza de protección indígena. El terrateniente, el latifundista, es un señor feudal. Contra su autoridad, sostenida por el ambiente y el hábito, es impotente la ley escrita» (7).

Esta observación es crucial para nuestro análisis. El Estado peruano tiene una especificidad: su debilidad institucional frente a los poderes fácticos regionales y su subordinación estructural al imperialismo. Esto significa que incluso si las fuerzas populares ganaran una mayoría parlamentaria, se encontrarían con enormes obstáculos para transformar realmente la sociedad, a menos que esas transformaciones vayan acompañadas de una movilización de masas capaz de enfrentar a los poderes fácticos.

Mariátegui lo entendió perfectamente: no se trata de copiar modelos europeos, sino de crear un socialismo «indoamericano» adaptado a nuestras condiciones concretas (8).

1.4 Conclusión del capítulo: El Parlamento como campo de batalla, no como templo

De todo lo anterior se desprenden dos conclusiones fundamentales para nuestro análisis:

Primera: No podemos tener ilusiones en el Parlamento. El Estado no es neutral, y el Parlamento es parte de ese Estado. Esperar que las elecciones, por sí solas, nos lleven al socialismo es una ilusión pequeñoburguesa que la historia se ha encargado de desmentir una y otra vez.

Segunda: Pero de ahí no se sigue que debamos abstenernos de participar. Precisamente porque el Parlamento es un espacio donde se legitima la dominación, debemos disputarlo. Precisamente porque las masas aún tienen ilusiones en el parlamentarismo, debemos estar presentes para mostrarles, desde dentro, sus límites.

Como señala un análisis actual desde posiciones marxistas:

«Para la decisión de si participamos en las elecciones o no, no es en absoluto determinante qué sistema político desea el comunista X. El hecho es que vivimos en una democracia parlamentaria y que la mayoría de la gente en este país a) en tiempos de elecciones se ocupa especialmente de temas políticos y b) solo toma en serio a un partido si puede votar por él en una elección. La campaña electoral es para los comunistas una oportunidad de presentar sus posiciones ofensivamente, mientras la gente está más dispuesta que de costumbre a ocuparse de política» (9).

El Parlamento no es el templo de la democracia. Es un campo de batalla. Y en la guerra de clases, ningún campo de batalla debe ser abandonado al enemigo sin luchar. Pero para entrar en ese campo de batalla sin ser derrotados, necesitamos armas teóricas más finas. Necesitamos a Lenin y a Gramsci. Ese será el tema de nuestro próximo capítulo.

Capítulo 2: La táctica leninista – Cuándo participar, cuándo boicotear

2.1 La «enfermedad infantil del izquierdismo» y el debate sobre el parlamentarismo

Si Marx y Engels nos dieron las bases para comprender la naturaleza de clase del Estado, fue Lenin quien desarrolló con mayor precisión la cuestión de la táctica electoral para los comunistas. Su obra El «izquierdismo», la enfermedad infantil del comunismo, escrita entre abril y mayo de 1920 y publicada en junio de ese mismo año para el II Congreso de la Internacional Comunista , sigue siendo hasta hoy el texto fundamental para abordar esta cuestión.

Lenin escribió esta obra en un contexto de efervescencia revolucionaria en Europa, pero también de confusiones tácticas dentro del joven movimiento comunista internacional. En Alemania, Holanda e Inglaterra surgían posiciones que rechazaban de plano toda participación en los parlamentos burgueses y en los sindicatos «reaccionarios», considerando que cualquier compromiso con las instituciones del sistema era una traición a la revolución.

Contra estas posiciones, que Lenin denominó «enfermedad infantil del izquierdismo», desarrolló una argumentación que sigue siendo de una actualidad impresionante para nosotros en el Perú de 2026.

2.2 El análisis concreto de la situación concreta

El núcleo del método leninista es lo que él mismo llamaba «el análisis concreto de la situación concreta». No hay recetas universales, no hay principios absolutos que valgan para todas las circunstancias. La cuestión de participar o no en elecciones debe decidirse en cada coyuntura específica, según la correlación de fuerzas y el momento histórico.

Lenin ilustra esta cuestión con el ejemplo de los bolcheviques y su relación con el parlamento ruso, la Duma. En 1905, los bolcheviques boicotearon las elecciones a la Duma consultiva convocada por el zar. ¿Fue correcta esa decisión? Sí, porque había una oleada revolucionaria en ascenso. Como explica el propio Lenin:

«El boicot de los bolcheviques al ‘parlamento’ en 1905 enriqueció al proletariado revolucionario con una experiencia política extraordinariamente valiosa, demostrando que, al combinar las formas de lucha legales e ilegales, parlamentarias y extraparlamentarias, es a veces útil y hasta necesario saber renunciar a las formas de lucha parlamentarias» (10).

Pero pocos años después, la situación había cambiado. La revolución había sido derrotada, la oleada revolucionaria había pasado. En 1907 y 1908, continuar con el boicot era ya un error. Lenin lo reconoce con honestidad:

«El boicot a la ‘Duma’ por los bolcheviques en 1906 fue ya un error, aunque pequeño y fácilmente reparable […] Un error muy grave y difícil de reparar fue el boicot en los años 1907, 1908 y siguientes, cuando, por una parte, no cabía esperar un rápido ascenso de la oleada revolucionaria y su transformación en insurrección, y, por otra parte, la necesidad de combinar el trabajo legal con el ilegal venía impuesta por toda la situación histórica de la monarquía burguesa en trance de renovarse» (11).

La conclusión es clara: el boicot no es un principio. Es una táctica que solo es válida en situaciones revolucionarias, cuando las masas están en movimiento y la lucha extraparlamentaria puede barrer con las instituciones del viejo régimen. Fuera de esas situaciones, el boicot se convierte en un error que aísla a los revolucionarios de las masas.

2.3 ¿Por qué participar? La cuestión de las masas

¿Y cuál es la razón fundamental para participar en elecciones cuando no hay una situación revolucionaria? La respuesta de Lenin es extraordinariamente simple y profunda a la vez: porque las masas creen en las elecciones.

Los antimperialistas (comunistas) no podemos comportarnos como una secta que desde la pureza de sus principios desprecia las «percepciones» de las masas. Al contrario, debemos estar donde las masas están, debemos hablar el lenguaje que las masas entienden, debemos utilizar los espacios que las masas toman en serio para llevar hasta ellas nuestra palabra.

Lenin lo dice sin ambages:

«Estáis obligados a no descender al nivel de las masas, al nivel de las capas atrasadas de la clase. Esto es indiscutible. Estáis obligados a decirles la verdad amarga. Estáis obligados a llamar por su nombre a sus prejuicios burgueses y democrático-parlamentarios. Pero, al mismo tiempo, estáis obligados a sopesar con seriedad el grado real de conciencia y de madurez de la clase entera (y no sólo de su vanguardia comunista), de toda la masa trabajadora (y no sólo de sus elementos más avanzados)» (12).

Y añade poco después:

«Mientras no seáis fuertes para disolver el parlamento burgués y todas las demás instituciones reaccionarias, estáis obligados a actuar precisamente dentro de ellas, porque allí hay todavía obreros embrutecidos por los curas…; de lo contrario, os exponéis a convertiros en unos charlatanes» (13).

Esta es una lección fundamental para la izquierda peruana. Quienes desde una posición de «pureza» revolucionaria predican el voto nulo o la abstención, lo que hacen en realidad es abandonar a las masas a su suerte, dejarlas en manos de la demagogia de la derecha, de la seudo izquierda y de los medios de comunicación. Están renunciando a la posibilidad de llevar hasta ellas una palabra alternativa, de disputar su conciencia en el mismo terreno donde hoy se libra la batalla.

2.4 El parlamento como tribuna revolucionaria

Para Lenin, el parlamento no es un lugar donde se pueda construir el socialismo. Es, ante todo, una tribuna desde la cual los revolucionarios pueden hablar a las masas. Una tribuna incómoda, limitada, sujeta a todas las restricciones que impone el enemigo de clase. Pero una tribuna al fin.

La participación parlamentaria no tiene como objetivo «ganar escaños» o «influir en las leyes». Tiene como objetivo denunciar ante las masas la naturaleza del régimen, mostrar sus límites, revelar su hipocresía. Es, en palabras del propio Lenin, una forma de «ayudar a las masas a comprender por qué merece ser disuelto ese parlamento».

En el caso concreto de los bolcheviques, Lenin recuerda que participaron en las elecciones a la Asamblea Constituyente incluso después de haber tomado el poder, y que esa participación les ayudó a demostrar a las masas por qué esa Asamblea debía ser disuelta:

«Está probado que incluso unas semanas antes del triunfo de la república soviética, e incluso después de este triunfo, la participación en el parlamento democrático-burgués no sólo no perjudica al proletariado revolucionario, sino que le facilita la tarea de demostrar a las masas atrasadas por qué merece ser disuelto ese parlamento, facilita el éxito de su disolución, facilita ‘liquidar políticamente’ el parlamentarismo burgués» (14).


2.5 Aplicación al Perú 2026: ¿Hay situación revolucionaria?

Aplicando el método leninista a nuestra realidad peruana, la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿estamos en una situación revolucionaria? ¿Hay una oleada de lucha de masas que pueda barrer con las instituciones del Estado burgués?

La respuesta es evidente: no. El Perú de 2026 tiene estructuras oligárquicas consolidadas. La hegemonía de la derecha en los medios de comunicación, en el sistema educativo, en el sentido común de amplias mayorías es abrumadora. La izquierda está fragmentada, débil; se han convertido en focos de infiltración y oportunismo. No hay ni remotamente una situación de doble poder, ni siquiera una oleada de movilizaciones capaz de poner en jaque al régimen.

En estas condiciones, el boicot electoral (bajo la forma de «voto nulo» o «voto en blanco») sería, aplicando la lección de Lenin, un error político grave. Equivaldría a abandonar el campo de batalla, a renunciar a la tribuna desde la cual podemos llegar a las masas, a dejar que la derecha ocupe sin oposición todos los espacios de la lucha política.

2.6 Conclusión: La participación como deber revolucionario

Para nosotros, comunistas peruanos, la lección de Lenin es clara:

  1. No hay principios absolutos: La participación o el boicot se deciden según el análisis concreto de la situación concreta.
  2. Hoy no hay situación revolucionaria: Por lo tanto, el boicot (voto nulo) sería un error que nos aislaría de las masas.
  3. Debemos estar donde las masas están: Las masas toman las elecciones en serio. Si nosotros no estamos presentes en ese terreno, abandonamos a las masas a la influencia de la derecha y los medios.
  4. El parlamento es una tribuna: No vamos allí a «construir socialismo», sino a denunciar el régimen, a desenmascarar su hipocresía, a llevar nuestra palabra a las masas.

Pero Lenin nos da solo una parte de la respuesta. Nos dice por qué participar, pero no nos dice cómo hacerlo sin ser absorbidos por el sistema. Para eso necesitamos a Gramsci.


Capítulo 3: Gramsci y la guerra de posiciones – Estrategia para tiempos de reflujo

3.1 El problema de Occidente: Estado y sociedad civil

Antonio Gramsci, el gran teórico marxista italiano, se enfrentó a un problema que Lenin no llegó a conocer: el de la lucha revolucionaria en sociedades capitalistas avanzadas, con instituciones democráticas consolidadas y una sociedad civil densa y articulada.

Gramsci comprendió que en «Oriente» (la Rusia zarista) el Estado lo era todo y la sociedad civil era «primitiva y gelatinosa». Allí era posible la «guerra de movimiento», el asalto frontal al poder. Pero en «Occidente» (Europa occidental) la situación era diferente: entre el Estado y la sociedad civil había una compleja red de trincheras y fortificaciones. Allí se requería una «guerra de posiciones».

Esta distinción es fundamental para nosotros. El Perú de 2026 no es la Rusia de 1917, pero tampoco es la Italia de Gramsci. Estamos en una situación intermedia: un país dependiente, con instituciones frágiles pero con una sociedad civil penetrada por la hegemonía imperialista. La guerra de posiciones es la única estrategia posible.

En los Cuadernos de la cárcel, Gramsci formula esta distinción con claridad:

«En Oriente, el Estado lo era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y sociedad civil había una justa relación y al estremecerse el Estado se descubría inmediatamente una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado era sólo una trinchera avanzada, tras la cual se hallaba una robusta cadena de fortalezas y casamatas» (15).


3.2 Hegemonía: El dominio por consenso

El concepto central de Gramsci es el de hegemonía. La burguesía no gobierna solo por la coerción (el ejército, la policía, las leyes), sino fundamentalmente por el consenso. A través de los medios de comunicación, el sistema educativo, la iglesia, la cultura, logra que las masas acepten su dominación como algo «natural», como el orden normal de las cosas.

Esta es la situación que vivimos en el Perú. La derecha no necesita recurrir constantemente a la violencia abierta porque ha logrado imponer su sentido común en amplias mayorías. El «emprendedurismo», la «meritocracia», la «libertad de empresa», el «peligro del comunismo»: todo eso forma parte del sentido común que reproduce día tras día la hegemonía burguesa.

Para Gramsci, la lucha revolucionaria no puede limitarse a tomar el poder del Estado. Debe ser una lucha prolongada por construir una nueva hegemonía, un nuevo sentido común, que vaya erosionando el consenso del que se nutre la dominación burguesa. Y esa lucha se libra en todos los frentes de la sociedad civil: en los sindicatos, en las universidades, en los barrios, en los medios alternativos, en las organizaciones populares.

3.3 La guerra de posiciones y el parlamento

¿Qué lugar ocupa el parlamento en esta guerra de posiciones? Para Gramsci, es una trinchera más, ni la principal ni prescindible. Abandonarla sería como entregar al enemigo una posición avanzada sin combatir. Pero ocuparla sin una estrategia de conjunto, sin el trabajo en las otras trincheras, sería igualmente un error.

El parlamentario revolucionario no es para Gramsci un «legislador» que intenta mejorar las leyes del régimen. Es un «combatiente» que desde esa trinchera contribuye a la batalla general por la hegemonía. Su tarea no es «dialogar» con la burguesía, sino llevar al parlamento la voz de las masas, denunciar los mecanismos de dominación, mostrar la hipocresía del sistema, y conectar su trabajo parlamentario con las luchas que se libran en las fábricas, los campos y los barrios.

Gramsci lo entendió perfectamente. La revolución no es un acto, es un proceso. Y en ese proceso, todas las trincheras cuentan.

3.4 La lección para el Perú: El largo plazo

La gran lección de Gramsci para nosotros es la necesidad de pensar en el largo plazo. No vamos a tomar el poder en estas elecciones. Ni siquiera en las próximas. La construcción de una nueva hegemonía es una tarea de años, quizás de décadas. Requiere paciencia, organización, trabajo sistemático en las bases.

El parlamento puede ser un instrumento en esa tarea, pero solo si lo concebimos como parte de una estrategia más amplia. Una bancada parlamentaria sin organización de masas que la respalde y controle está condenada a ser absorbida por la lógica del sistema.

La «ley de hierro de la oligarquía» de Robert Michels, que analizaremos en el próximo capítulo, encuentra aquí su confirmación más trágica.

3.5 Integrando a Lenin y Gramsci

Lenin nos dice por qué participar: porque las masas están allí, porque debemos disputar ese terreno, porque el boicot nos aísla. Gramsci nos dice cómo participar: como parte de una guerra de posiciones prolongada, sin ilusiones, articulando el trabajo parlamentario con la construcción de hegemonía en la sociedad civil.

Ambos son necesarios. Lenin sin Gramsci puede llevar al «electoralismo», a la ilusión de que el parlamento es el camino al socialismo. Gramsci sin Lenin puede llevar al «culturalismo», a olvidar que el poder del Estado también hay que disputarlo, que las elecciones también son una trinchera.

La síntesis es clara: participar en las elecciones, pero sin ilusiones, con los pies en las bases, articulando la lucha parlamentaria con la organización de masas, y manteniendo siempre la mirada puesta en el objetivo final: la revolución.


Capítulo 4: Los peligros del parlamentarismo – Advertencias desde la crítica marxista

4.1. Johannes Agnoli: La «transformación de la democracia»

El politólogo italo-alemán Johannes Agnoli desarrolló en su obra fundamental La transformación de la democracia (1967) un análisis lúcido sobre cómo el sistema parlamentario absorbe y neutraliza las fuerzas antisistema. Agnoli parte de una constatación central: la democracia burguesa no se destruye a sí misma; se transforma para integrar a la oposición y volverla funcional al sistema.

Para Agnoli, las instituciones parlamentarias dejan de ser canales de la voluntad popular y se convierten en transmisores del poder de arriba hacia abajo. El parlamento, escribe, funciona como «una institución que, en lugar de transmitir las tendencias de la población, transmite las directrices de la política de arriba hacia abajo» (16).

Uno de los conceptos más importantes de Agnoli es la «ficción de la representación». El parlamento no representa al pueblo, sino que «representa frente al ciudadano común al Estado; el representante del pueblo se transforma en un ‘representante del Estado'» (17). Esta ficción tiene una función despolitizadora fundamental: las elecciones y el parlamento crean la ilusión de participación, cuando en realidad sustituyen la lucha de clases y la organización concreta del proletariado por un ritual vacío.

Agnoli explica cómo el sistema electoral cumple una función de pacificación de los conflictos sociales antagónicos. El conflicto de clases, que debería expresarse en las calles, las fábricas y los territorios, es desplazado hacia el terreno parlamentario, donde puede ser administrado y neutralizado. La «oposición leal» se convierte así en una oposición integrada, funcional, inofensiva.

4.2. Robert Michels: La «ley de hierro de la oligarquía»

El sociólogo alemán Robert Michels formuló en 1911, en su obra Sociología de los partidos políticos en la democracia moderna, lo que denominó la «ley de hierro de la oligarquía». A partir de un estudio detallado de la socialdemocracia alemana, Michels llegó a una conclusión devastadora: toda organización, incluso aquellas que se proclaman revolucionarias, tiende a desarrollar una casta dirigente con intereses propios, separados de las bases.

La formulación clásica de Michels es lapidaria:

«La organización es la madre del dominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegadores. Quien dice organización, dice oligarquía» (18).

Michels identificó las causas de este fenómeno: la burocratización inevitable de las grandes organizaciones, el monopolio del conocimiento por parte de los dirigentes, la división del trabajo y la «incompetencia técnica» de las masas. Las consecuencias son igualmente claras: los líderes se embourgeoissent (se vuelven burgueses), adquieren un estilo de vida pequeñoburgués, pierden contacto con su origen proletario y terminan más preocupados por su propia carrera que por los objetivos de la organización (19).

4.3. Domenico Losurdo: El revisionismo occidental y el declive de la izquierda

El filósofo italiano Domenico Losurdo ha analizado en diversas obras el proceso de declive de la izquierda occidental y su conexión con el revisionismo teórico. Para Losurdo, la crisis de la izquierda latinoamericana no puede entenderse sin comprender el colapso teórico de la izquierda europea.

Losurdo identifica varias corrientes que han contribuido a este declive:

Primero, la influencia de la Escuela de Frankfurt y su rechazo a la categoría de totalidad, que terminó diluyendo el análisis de clases en una crítica cultural abstracta. Segundo, el auge de filósofos franceses (Foucault, Derrida, Deleuze) que desplazaron el eje de la lucha del antiimperialismo hacia políticas de identidad fragmentadoras. Tercero, la teoría del «totalitarismo», que equiparaba nazismo y comunismo, desarmando ideológicamente a la izquierda y negando la especificidad de la lucha antiimperialista (20).

Esta combinación de factores produjo lo que Losurdo denomina la «capitulación teórica» de amplios sectores de la izquierda: el abandono del antiimperialismo como eje central, la sustitución de la lucha de clases por reivindicaciones identitarias despolitizadas, y la aceptación acrítica de la democracia burguesa como «el mejor sistema posible».

En América Latina, esta influencia se ha traducido en el surgimiento de lo que en Perú llamamos «izquierda caviar»: sectores progresistas de clase media-alta, formados en universidades privadas, burguesas, o europeas y estadounidenses, vinculados a ONG financiadas desde el exterior, que han abandonado toda perspectiva revolucionaria y se conforman con gestionar lo existente mientras cultivan su superioridad moral. Son, objetivamente, agentes de despolitización que fragmentan a la izquierda y desarman al pueblo.


Capítulo 5: La situación concreta del Perú 2026

5.1. No hay situación revolucionaria: Un diagnóstico realista

Aplicando el método leninista del «análisis concreto de la situación concreta», debemos partir de un diagnóstico realista: no estamos en una situación revolucionaria. El Perú de 2026 se caracteriza por:

  • Estructura oligárquica consolidada: El poder económico sigue concentrado en unas pocas familias vinculadas a la minería, la banca y el gran comercio. Los pulpos empresariales controlan sectores estratégicos de la economía.
  • Hegemonía ideológica de la derecha: Los medios de comunicación dominantes (los mismos de siempre: grupos El Comercio, Latina, Panamericana, Willax, La República) imponen su agenda y su sentido común. El sistema educativo, salvo excepciones, reproduce la ideología dominante. El «emprendedurismo», la «meritocracia», el «peligro del comunismo» forman parte del sentido común de amplias mayorías.
  • Izquierda fragmentada y débil: Las organizaciones populares están debilitadas, los sindicatos tienen escasa presencia, los movimientos sociales regionales son intermitentes. La izquierda política está dividida en múltiples organizaciones, muchas de ellas sin base real, otras cooptadas por el sistema.

En estas condiciones, pretender que las elecciones son irrelevantes o que el «voto nulo» es una posición revolucionaria es un error garrafal. Como enseñaba Lenin, cuando no hay situación revolucionaria, el boicot aísla a los revolucionarios de las masas y entrega el terreno al enemigo.

5.2. La contradicción principal: Antiimperialismo y soberanía nacional

Fuente: Qwen-IA

Retomando a José Carlos Mariátegui, debemos identificar correctamente la contradicción principal en el Perú actual. El Amauta nos enseñó que el problema del Perú no es solo el capitalismo, sino el capitalismo dependiente y semicolonial. La oligarquía peruana no es una burguesía nacional independiente, sino una clase asociada al imperialismo, que entrega nuestros recursos a cambio de migajas.

Mariátegui lo expresó con claridad:

«El carácter semi-feudal de nuestra economía no excluye el predominio de los intereses imperialistas en muchos de sus resortes. La explotación capitalista tiene aquí, por las condiciones del medio, un carácter de violencia y brutalidad que no se observa en países de economía más orgánica» (21).

En el Perú de 2026, esta dependencia se ha profundizado. Ya no es solo económica (minería a cielo abierto, concesiones petroleras, deuda externa), sino también geopolítica y militar. El imperialismo estadounidense, en su lucha por contener a China, ha puesto sus ojos en nuestro territorio.

La cuestión nacional es la puerta de entrada a cualquier transformación socialista. Sin soberanía, sin capacidad de decidir sobre nuestros propios recursos y nuestro propio destino, no hay posibilidad de construir nada que merezca el nombre de socialismo. Esta es la lección fundamental de Mariátegui, y es la que debemos aplicar hoy.

5.3. El peligro concreto: La base militar del Callao

El peligro no es abstracto ni lejano. Es concreto e inmediato. Rafael López Aliaga, candidato de la derecha más reaccionaria, ha declarado públicamente que desea que EE.UU. se encargue de la seguridad en el Perú, autorizando «intervenciones de extracción» de fuerzas estadounidenses en nuestro territorio (22). El proyecto de una base militar estadounidense en el Callao es real y cuenta con el impulso del Pentágono.


El beneplácito explícito de Keiko Fujimori ante la arremetida de Estados Unidos de designar oficialmente a Perú como Aliado Principal No Miembro de la OTAN y de la derecha en general, es revelador. No solo no se oponen, sino que facilitan y promueven esta subordinación. El objetivo estratégico de EE.UU. es claro: contener a China desde territorio peruano, utilizando nuestra soberanía como moneda de cambio en su disputa imperial.

Esta es la línea roja. Quien no se opone a esto, quien lo facilita o lo permite, es enemigo de la nación y de la clase trabajadora. Quien minimiza este peligro o lo considera secundario frente a otras contradicciones, simplemente no ha entendido la especificidad de nuestra situación como país dependiente.


Capítulo 6: Hacia una matriz de decisión marxista-leninista

Este es el corazón de nuestro artículo. Aquí vamos a construir, paso a paso, los criterios que nos permitirán analizar las opciones electorales desde el punto de vista de la clase trabajadora. Nada de vueltas: vamos al grano.

6.1. Principios metodológicos

Antes de enumerar los criterios, debemos dejar claros los principios que guían nuestro análisis:

Primero: Análisis concreto de la situación concreta. Lenin insistió hasta el cansancio en que no hay recetas universales. Lo que vale para un país en un momento histórico puede no valer para otro. Por eso, nuestra matriz parte de la situación específica del Perú en 2026, no de abstracciones.

Segundo: Primacía de la contradicción principal. En cada período histórico hay una contradicción que domina sobre las demás y determina el curso de los acontecimientos. En el Perú actual, esa contradicción principal es entre soberanía nacional e imperialismo estadounidense. Todo lo demás (corrupción, inflación, inseguridad) está subordinado a esta lucha fundamental.

Tercero: El punto de vista de clase. No analizamos desde la neutralidad. Analizamos preguntándonos siempre: ¿Qué opción beneficia objetivamente a los trabajadores, a los campesinos, a los pobres de la ciudad y el campo? ¿Qué opción fortalece al campo popular frente a sus enemigos de clase?

6.2. Los criterios (en orden jerárquico)

Aquí están los cinco criterios. Están ordenados del más importante al menos importante. Una fuerza política puede fallar en los criterios secundarios, pero si falla en los primeros, no merece el voto de la clase trabajadora.


CriterioPregunta ClaveFuente Teórica
1. Antiimperialismo¿Esta fuerza o partido se opone activamente a la subordinación militar y económica a EE.UU.?Mariátegui, Lenin
2. Programa de ruptura¿Plantea cambios estructurales (nueva Constitución, nacionalización de recursos) o solo administra el modelo neoliberal?Marx, Engels
3. Base de masas¿Tiene arraigo real en los movimientos populares, sindicatos, comunidades? ¿O es una élite sin pueblo?Gramsci
4. Conciencia del peligro¿Reconoce los riesgos de la absorción parlamentaria, la oligarquización del partido y tiene mecanismos para evitarlos (control de bases, revocatoria)?Agnoli, Michels
5. Correlación de fuerzas¿Su participación fortalece o debilita al campo popular frente al enemigo principal?Lenin

Criterio 1: Antiimperialismo

La pregunta clave: ¿Esta fuerza política se opone activamente a la subordinación militar y económica a Estados Unidos? ¿Denuncia el proyecto de base militar en el Callao? ¿Plantea la revisión de los tratados de libre comercio? ¿Defiende la soberanía nacional sobre nuestros recursos?

Por qué es el primer criterio: En un país dependiente como el Perú, el imperialismo no es un problema secundario. Es el problema fundamental. Como enseñó Mariátegui, nuestra condición semi colonial determina todas las demás contradicciones. Si una fuerza política no enfrenta al imperialismo, simplemente no es una opción para el pueblo trabajador, por más «progresista» que suene en otros temas.

Mariátegui lo dijo claro: «El socialismo en Perú tiene que ser ante todo antiimperialista, o no será nada».

Criterio 2: Programa de ruptura

La pregunta clave: ¿Esta fuerza plantea cambios estructurales o se limita a administrar el modelo existente? ¿Propone una nueva Constitución que rompa con la Constitución de 1993 (la de Fujimori, la de la entrega de recursos)? ¿Habla de nacionalizar los recursos estratégicos (minería, gas, agua)? ¿O su programa se reduce a «mejorar» lo que ya hay?

Por qué es importante: El reformismo, que pretende cambiar el capitalismo desde dentro sin romper sus estructuras fundamentales, ha fracasado una y otra vez en la historia. Como explicaban Marx y Engels, el Estado burgués no es neutral y no puede ser utilizado para construir el socialismo. Una fuerza que no plantea una ruptura con el modelo neoliberal, que no habla de nueva Constitución y nacionalizaciones, simplemente está engañando al pueblo.

Criterio 3: Base de masas

La pregunta clave: ¿Esta fuerza tiene arraigo real en los movimientos populares, los sindicatos, las comunidades campesinas, los barrios? ¿Sus dirigentes vienen de las luchas sociales o son profesionales de la política reclutados en universidades privadas y ONG?

Por qué es importante: Gramsci nos enseñó que la lucha por la hegemonía no se gana en los estudios de televisión ni en las redes sociales. Se gana en el trabajo cotidiano con las masas, en la organización de base, en la presencia constante en los territorios. Una fuerza sin base popular es una élite, no una herramienta de liberación. La seudo izquierda puede tener muchos seguidores en Twitter, pero si no tiene organización en los sindicatos y las comunidades, es irrelevante para la lucha de clases.

Criterio 4: Conciencia del peligro

La pregunta clave: ¿Esta fuerza reconoce los peligros de la absorción parlamentaria? ¿Sabe que el sistema tiende a «tragarse» a los que entran en él? ¿Tiene mecanismos para evitarlo: control de bases, revocatoria de mandato, transparencia real, incompatibilidad con negocios y lobbies?

Por qué es importante: Aquí recogemos las advertencias de Agnoli y Michels. Agnoli nos mostró cómo el parlamento transforma a los opositores en gestores del sistema. Michels nos explicó por qué toda organización tiende a crear una casta dirigente separada de las bases. Una fuerza que ignora estos peligros está condenada a repetir la historia de tantas otras: entrar con discurso radical y terminar negociando con la derecha.

Criterio 5: Correlación de fuerzas

La pregunta clave: En la situación concreta de estas elecciones, ¿la participación de esta fuerza fortalece o debilita al campo popular frente al enemigo principal? ¿Ayuda a concentrar fuerzas o contribuye a la fragmentación?

Por qué es importante: Lenin insistía en que la política no es cuestión de buenas intenciones, sino de efectos objetivos. Puede existir una fuerza con buen programa y buena base, pero si su participación en una elección concreta termina dispersando el voto popular y facilitando el triunfo de la derecha más reaccionaria, entonces objetivamente está jugando en contra del pueblo.

Este criterio es el que debe aplicarse al final del análisis, una vez evaluados los anteriores. No se trata de apoyar a cualquier fuerza que cumpla los primeros criterios, sino de ver, en la coyuntura concreta, qué opción permite derrotar al enemigo principal.

6.3. Cómo usar esta matriz

La matriz no es una calculadora automática. Es una herramienta de análisis. Para usarla correctamente:

  1. Aplica los criterios en orden. No te saltes el primero. Si una fuerza falla en antiimperialismo, no importa lo buena que sea en los demás: no es una opción para el pueblo trabajador.
  2. Sé riguroso pero no dogmático. Una fuerza puede cumplir parcialmente un criterio. Hay que evaluar en conjunto.
  3. Recuerda que el criterio 5 depende de la coyuntura. Lo que vale para estas elecciones puede no valer para las próximas. Por eso el análisis debe actualizarse cada vez.
  4. La matriz no da respuestas mágicas. Da criterios para que tú, organizado con tu clase, puedas tomar tus propias decisiones.

Conclusión: La tarea no es votar, es organizarse

Hemos llegado al final de este largo recorrido teórico. Hemos construido, paso a paso, una herramienta para analizar la coyuntura electoral desde el punto de vista de la clase trabajadora. Pero sería un error pensar que el objetivo de todo esto es «saber por quién votar».

El voto es un momento táctico. La organización es la estrategia.

Lenin nos enseñó a participar en elecciones sin ilusiones, como una tribuna para llegar a las masas. Gramsci nos enseñó que la verdadera batalla es la guerra de posiciones en la sociedad civil, la construcción lenta y paciente de una nueva hegemonía. Mariátegui nos ancló en nuestra realidad concreta: el antiimperialismo como puerta de entrada a cualquier transformación.

Agnoli y Michels nos advirtieron: el parlamento absorbe, los partidos se oligarquizan, la lucha revolucionaria puede ser reemplazada por la gestión electoral. Esa advertencia no es para abandonar la lucha, sino para librarla con los ojos abiertos, con control de bases, con revocatoria, con organización popular que vigile a sus representantes.

En Clamor Popular TV  vamos a seguir este camino. Vamos a analizar en detalle cada partido, cada opción, cada peligro. Vamos a entrevistar, a debatir, a profundizar. Pero siempre con la misma brújula: el punto de vista de la clase trabajadora, la lucha antiimperialista, la construcción del socialismo.

No venimos a pedir el voto. Venimos a organizar la lucha.

Porque el voto, en el mejor de los casos, es solo un momento. La lucha es todos los días. En las fábricas, en los campos, en los barrios, en las universidades. Contra el imperialismo, contra la oligarquía, contra los que quieren entregar nuestra soberanía.

Esa es la tarea. Y en esa tarea, nos encontramos.


Clamor Popular – La voz del Perú profundo, que nos hermana


Nota: En los próximos programas de Clamor Popular TV desarrollaremos el análisis detallado de cada partido político y de la opción del voto nulo, aplicando la matriz aquí construida. Suscríbete y acompaña este proceso de debate y construcción colectiva.

Fuentes citadas:

¹ Marx, Karl (1845). Tesis sobre Feuerbach. En: Marx, Karl y Engels, Friedrich, Obras Escogidas, tomo I, Editorial Progreso, Moscú, 1976, p. 8.

² Lenin, Vladimir I. (1920). El «izquierdismo», la enfermedad infantil del comunismo. En: Obras Completas, tomo 41, Editorial Progreso, Moscú, 1977, p. 48. [Capítulo VII]

3 Marx, Karl y Engels, Friedrich (1848). Manifiesto del Partido Comunista. En: Obras Escogidas, tomo I, Editorial Progreso, Moscú, 1976, p. 115.

4 Lenin, Vladimir I. (1917). El Estado y la Revolución. En: Obras Completas, tomo 33, Editorial Progreso, Moscú, 1975, p. 12. [Capítulo I]

5 Lenin, Vladimir I. (1917). El Estado y la Revolución. En: Obras Completas, tomo 33, Editorial Progreso, Moscú, 1975, p. 47. [Capítulo III]

6 Luxemburg, Rosa (1900). «Sozialreform oder Revolution». En: Gesammelte Werke, Band 1.2, Karl Dietz Verlag, Berlín, 2000, p. 449. [Traducción propia del alemán]

7 Mariátegui, José Carlos (1928). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Capítulo II: «El problema del indio». Biblioteca Amauta, Lima, 1972, p. 45.

8 Mariátegui, José Carlos (1928). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Capítulo VIII: «El proceso de la literatura». Biblioteca Amauta, Lima, 1972, p. 296.

9 Sozialistische Deutsche Arbeiterjugend (SDAJ) (2017). «P wie Parlamentarismus». En: ABC des Kommunismus. SDAJ-Verlag, Berlín, 2017, p. 25. [Traducción propia del alemán]

¹⁰ Lenin, Vladimir I. (1920). El «izquierdismo», la enfermedad infantil del comunismo. En: Obras Completas, tomo 41, Editorial Progreso, Moscú, 1977, p. 61. [Capítulo VIII]

¹¹ Lenin, Vladimir I. (1920). El «izquierdismo», la enfermedad infantil del comunismo. En: Obras Completas, tomo 41, Editorial Progreso, Moscú, 1977, p. 63. [Capítulo VIII]

¹² Lenin, Vladimir I. (1920). El «izquierdismo», la enfermedad infantil del comunismo. En: Obras Completas, tomo 41, Editorial Progreso, Moscú, 1977, p. 51. [Capítulo VII]

¹³ Lenin, Vladimir I. (1920). El «izquierdismo», la enfermedad infantil del comunismo. En: Obras Completas, tomo 41, Editorial Progreso, Moscú, 1977, p. 52. [Capítulo VII]

¹⁴ Lenin, Vladimir I. (1920). El «izquierdismo», la enfermedad infantil del comunismo. En: Obras Completas, tomo 41, Editorial Progreso, Moscú, 1977, p. 54. [Capítulo VII]

¹⁵ Gramsci, Antonio (1929-1935). Cuadernos de la cárcel. Cuaderno 7, §16. Edición crítica del Instituto Gramsci a cargo de Valentino Gerratana, Einaudi, Turín, 1975, p. 866. [Traducción propia del italiano]

¹⁶ Agnoli, Johannes (1967). La transformación de la democracia. En: Agnoli, Johannes y Brückner, Peter, Die Transformation der Demokratie, Berlin (Voltaire-Verlag) 1967, p. 77. [Traducción propia del alemán]

¹⁷ Agnoli, Johannes (1967). La transformación de la democracia. En: Agnoli, Johannes y Brückner, Peter, Die Transformation der Demokratie, Berlin (Voltaire-Verlag) 1967, p. 79. [Traducción propia del alemán]

¹⁸ Michels, Robert (1911). Zur Soziologie des Parteiwesens in der modernen Demokratie. Untersuchungen über die oligarchischen Tendenzen des Gruppenlebens. Leipzig, 1911, p. 370 [Edición consultada: Alfred Kröner Verlag, Stuttgart, 1970, p. 25]. [Traducción propia del alemán] 

¹⁹ Michels, Robert (1911). Zur Soziologie des Parteiwesens in der modernen Demokratie. Leipzig, 1911, Capítulo II. [Confirmado en análisis académicos: los líderes desarrollan «estilo de vida pequeñoburgués» y pierden contacto con las bases] 

²⁰ Losurdo, Domenico (2007). El revisionismo histórico: Problemas y mitos. Intervención en el Congreso «Filosofía y Política» organizado por el Partido Comunista de China, 2007. [Publicado posteriormente en diversas recopilaciones]

²¹ Mariátegui, José Carlos (1928). 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana. Capítulo III: «El problema del indio». Biblioteca Amauta, Lima, 1972, p. 48.

²² López Aliaga, Rafael (diciembre 2025). Declaraciones en mitin político, reportadas por Infobae.

2 comentarios en «La decisión electoral como decisión de clase: Hacia una matriz marxista para el voto en Perú 2026»

  • Excelente artículo. La claridad expoditiva es óptima.

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  • Excelente artículo. La claridad expositiva es óptima.

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