EL PLAN VERDE: CÓDIGO FUENTE DEL FUJIMORISMO
Dialéctica del Capital, Terrorismo de Estado y la Continuidad del Proyecto de Clase
Por Frank Hagen
Introducción: El fujimorismo como proyecto planificado, no como accidente
Desde el punto de vista del materialismo histórico, el fujimorismo no es una patología política ni un «accidente» en nuestra historia republicana. Es la expresión más depurada y violenta de la dictadura del capital financiero en el Perú.
El análisis dialéctico del Plan Verde —aquel documento militar elaborado en la clandestinidad del SIN entre 1989 y 1990, antes de que Alberto Fujimori pisara el Palacio de Gobierno— revela que el fujimorismo no fue una improvisación. Fue un proyecto de dominación de clase diseñado en las sombras, que articulaba, en un mismo cuerpo estratégico, la reconfiguración económica neoliberal (privatizaciones, apertura al capital transnacional, disciplinamiento de la fuerza de trabajo) y la guerra contrainsurgencia total (militarización del Estado, terrorismo de Estado, control biopolítico de la población considerada «excedente») [1, 2, 3].

Foto: Implicados en el Plan Verde, fuente: Gamero Esparza, C. El «Plan» que trajo un pajarillo verde… (publicación en línea, 2008)
El fujimorismo actual, bajo el disfraz de «Fuerza Popular» y el liderazgo de Keiko Fujimori, no es un «retorno al pasado». Es la continuidad actualizada del mismo proyecto de clase, ahora bajo reglas electorales, pero con el mismo espíritu autoritario, la misma defensa del modelo neoliberal y la misma vocación de impunidad para las fuerzas represivas [4, 5].
A continuación, desnudamos los elementos de esta continuidad estructural y demostramos que derrotar a Keiko Fujimori no es un acto electoral burgués más: es una batalla fundamental en la lucha de clases en el Perú.
Parte I: La Teoría – El Plan Verde como programa de dominación de clase
1. La infraestructura: El nuevo régimen de acumulación
En la base económica, el Plan Verde exigía una reconfiguración violenta de las relaciones de producción para someter la soberanía nacional al capital transnacional y al imperialismo estadounidense [1, 2].
Liquidación del sector estatal (privatizaciones): El plan exigía la «transferencia de las empresas públicas al sector privado nacional o vía conversión de deuda» [3]. Bajo el pretexto de la eficiencia, se ejecutó un despojo masivo de los recursos sociales para convertirlos en botín de grupos económicos. La consigna era clara: «vender todo» y liquidar lo que restara para dar señales de «protagonismo» al sector privado [4, 5].
Apertura al capital transnacional: El documento abogaba por una «apertura de mercados, baja de aranceles» y la sumisión total a los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial, Club de París) en una estrategia de «reinserción» que Mariátegui identificaría como la consolidación de nuestra economía colonial subordinada a Londres y Nueva York [6, 7].
Disciplinamiento de la fuerza de trabajo: Para que la explotación fuera rentable, el Plan Verde requería una clase obrera desarticulada. Se promovió la flexibilización laboral, eliminando la estabilidad conquistada y permitiendo despidos masivos para reducir «costos» en un ambiente de recesión [8, 9]. Esto fue la destrucción deliberada de los sindicatos como organización de clase, tildando toda resistencia de «atraso» o «amenaza» [10, 11].
2. La superestructura: El aparato político-militar de dominación
Para sostener este régimen de explotación, el Plan Verde diseñó un aparato estatal de corte fascistoide que anulara todo contrapeso democrático [12].
Disolución de contrapesos: El plan establecía explícitamente la «misión» de derrocar al gobierno civil y disolver el Parlamento [13, 14]. El autogolpe de 1992 fue la ejecución puntual de este diseño para instalar una «Democracia Dirigida» —un eufemismo para la autocracia— donde el Poder Judicial y el Ministerio Público fueran meros apéndices de la voluntad dictatorial [15, 16].
Militarización de la administración: El poder real se desplazaba a la «sombra»: un Consejo Estratégico de Estado (CEE), que actuaría en absoluto secreto por encima del Consejo de Ministros [17, 18]. En esta lógica, las Fuerzas Armadas son las «dueñas del vehículo» (Estado) y los civiles son meros «choferes» encargados de la rutina administrativa [19, 20].
Territorios de excepción y biopolítica de exterminio: Lo más siniestro es la conceptualización de los sectores «irrecuperables» de la población. El Plan Verde propuso abiertamente el exterminio total del «excedente poblacional nocivo» (terroristas, agitadores, traficantes) y la aplicación de una biopolítica de exterminio mediante el uso generalizado de esterilizaciones forzadas en grupos «culturalmente atrasados y económicamente pauperizados» [21, 22, 23].
Parte II: La Práctica – Terrorismo de Estado y biopolítica de exterminio
1. El Grupo Colina como brazo ejecutor del Plan Verde
El Grupo Colina no fue un grupo de «militares psicópatas» actuando por libre iniciativa. Fue la realización concreta de la guerra de baja intensidad diseñada en el SIN [24, 25].
La doctrina del exterminio: El Plan Verde definió como «excedente poblacional nocivo e irrecuperable» a subversivos, agitadores profesionales y traficantes [26, 27]. Bajo la etiqueta de «agitador» o «familiar», el Estado incluyó a todo aquel que osara cuestionar el nuevo orden de acumulación [28]. Para estos sectores, «solo queda su exterminio total» [27]. El plan confiesa que el Sistema Nacional de Control, Seguridad y Propaganda es, «definitivamente, el equivalente a una Gestapo» [29, 30].
Caso Barrios Altos (3 de noviembre de 1991): Fue la ejecución del «mensaje» disuasivo previsto en el Plan Verde. No se buscaba capturar a nadie, sino realizar una acción de aniquilamiento [31, 32]. Colina cumplió masacrando incluso a un niño de 8 años, Javier Ríos Rojas, para demostrar que el Estado era capaz de una barbarie mayor que el enemigo [33, 34].
Caso La Cantuta (18 de julio de 1992): Aquí la «Gestapo» del fujimorato operó con precisión quirúrgica. El ingreso a la universidad fue autorizado por la cadena de mando total: Fujimori, Montesinos y Hermoza Ríos [35, 36]. Los cuerpos del profesor Muñoz y los nueve estudiantes fueron calcinados con cal y kerosén, siguiendo la técnica de la Escuela de las Américas para evitar la identificación y golpear la psicología del enemigo [37, 38].
2. Las esterilizaciones forzadas como política de Estado
La investigación de Christina Ewig demuestra que las esterilizaciones forzadas no fueron «excesos aislados», sino una política de Estado centralizada y jerárquica [39, 40].
Mecanismos de disciplinamiento: Se establecieron cuotas semanales de esterilizaciones que el propio Fujimori y su asesor, Eduardo Yong Motta, supervisaban personalmente [41]. Los trabajadores de salud eran presionados bajo amenaza de despido para cumplir con los números de «ligaduras de trompas», convirtiendo los centros de salud en centros de mutilación [42, 43].
Focalización de clase y raza: El programa se ensañó con mujeres pobres, rurales y quechuahablantes, quienes fueron engañadas, coaccionadas o intervenidas sin consentimiento informado [44, 45, 46]. Para el Estado, sus úteros eran «herramientas del desarrollo económico» que debían ser desactivadas [47, 48].
3. La tesis dialéctica: El frente caliente y el frente frío del capital
El fujimorismo ejecutó una guerra de dos frentes contra la clase trabajadora y el campesinado indígena:
- El frente «caliente» (terrorismo de Estado): Ejecutado por el Grupo Colina. Su función era el aniquilamiento del presunto subvertidor del orden (establishment), utilizando el terror y la desaparición forzada para quebrar la potencial organización política de las masas [49, 50].
- El frente «frío» (biopolítica de exterminio): Ejecutado a través de las esterilizaciones masivas. Su función era el aniquilamiento de la capacidad reproductiva de la «clase sospechosa», eliminando preventivamente a los futuros subversivos y «cargas sociales» que el modelo neoliberal no estaba dispuesto a absorber [51, 52].
Como advertía Mariátegui, el gamonalismo necesitaba del aparato estatal para sobrevivir [53]. El fujimorismo es el gamonalismo neoliberal: cambió el látigo de la hacienda por el bisturí de la esterilización forzada y el fusil del escuadrón de la muerte [54, 55].
Parte III: El Sujeto Imperialista – El rol de EE.UU. y la CIA
1. La funcionalidad de Sendero Luminoso para el imperialismo
Desde una perspectiva dialéctica, el fenómeno de Sendero Luminoso no fue solo un «enemigo» del Estado, sino el pretexto necesario para que el imperialismo y la burguesía financiera justificaran la refundación dictatorial del país [56].
Según la tesis de Berckemeyer (2021), Sendero realizó el «trabajo sucio» del Departamento de Estado de EE.UU. de varias maneras:
- Eliminación de la vanguardia de clase: Sendero se especializó en asesinar selectivamente a alcaldes y dirigentes de izquierda, desarticulando la organización popular que podría haber resistido al neoliberalismo [57].
- Despojo y concentración de tierras: En zonas mineras estratégicas como Ayacucho, las matanzas senderistas provocaron el éxodo campesino, permitiendo que empresas transnacionales se beneficiaran de territorios abandonados y libres de conflictos sociales [58, 59].
- Legitimación de la represión: Las acciones delictivas de Sendero dieron a la prensa el «pretexto perfecto» para vincular toda lucha social con el terrorismo, facilitando la imposición de la Constitución de 1993, que blindó los intereses del capital extranjero [60, 61].
2. La «guerra contra las drogas» como fachada de militarización
Youngers (2004) demuestra que la «Guerra contra las Drogas» fue el mecanismo biopolítico para penetrar el Estado peruano y financiar su aparato represivo [62].
El vínculo CIA-SIN: Washington financió directamente al Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), la «Gestapo» fujimorista [63, 64], con al menos un millón de dólares anuales durante una década [65]. Vladimiro Montesinos, pieza clave del Plan Verde, mantenía una «relación oficial de enlace» con la CIA mientras dirigía el escuadrón de la muerte Grupo Colina [66, 67].
Militarización del control social: Bajo la retórica antinarcótica, EE.UU. impulsó la creación de un «Estado de Excepción» permanente en los Andes, donde el ejército asumió el control político-militar de vastas regiones, facilitando la represión de la población campesina indígena [68, 69].
3. El aval imperialista al autogolpe de 1992
Roberts y Peceny (1997) exponen que, tras una suspensión cosmética de la ayuda, EE.UU. operó para normalizar el régimen [70]:
- Financiamiento de la dictadura: Solo meses después del golpe, EE.UU. relajó su presión y aprobó créditos del Banco Mundial y el BID para Perú, condicionándolos meramente a una fachada electoral [71, 72].
- Socio estratégico: En 1994, bajo el gobierno de Clinton, Perú se convirtió en el mayor receptor de ayuda estadounidense en América Latina ($137 millones), validando el éxito de la «pacificación» fujimorista construida sobre fosas comunes [73].
- Impunidad de clase: El imperialismo aceptó la «normalización» de las relaciones a pesar de la evidencia de masacres como La Cantuta y Barrios Altos, porque Fujimori garantizaba la «reinserción» en el mercado financiero global y el pago de la deuda externa [74, 75].
4. Conclusión dialéctica sobre el imperialismo
El Plan Verde fue la realización concreta de la biopolítica de exterminio necesaria para el gran capital. No fue una herejía nacionalista; fue la aplicación local de los manuales de «Guerra de Baja Intensidad» impartidos en la Escuela de las Américas, donde se formaron Montesinos y los jefes del Grupo Colina [76, 77].
El imperialismo financió el plan verde del SIN, a través de la CIA y lo protegió políticamente porque necesitaba al fujimorismo como el capataz que modernizara el gamonalismo, transformando el látigo feudal en el bisturí de la esterilización forzada y el fusil del escuadrón de la muerte [78, 79].
Parte IV: La Continuidad – Keiko Fujimori y Fuerza Popular
El análisis dialéctico del Plan Verde revela que el fujimorismo actual, bajo el disfraz de «Fuerza Popular» y el liderazgo de Keiko Fujimori, no es un «retorno al pasado», sino la continuidad actualizada del mismo proyecto de dominación de clase diseñado en las sombras del SIN y la Escuela de las Américas [80, 81].
1. La «mano dura» como actualización de la guerra de baja intensidad
El discurso de la «mano dura» de Keiko Fujimori no es una simple propuesta de seguridad ciudadana; es la actualización de la doctrina del enemigo interno plasmada en el Plan Verde [82].
Criminalización de la clase trabajadora: El Plan Verde definió como «excedente poblacional nocivo» a todo aquel que cuestionara el orden de acumulación [83, 84]. Caso Comisión Interventora en la Universidad san Marcos. Tuvo el fin de terruquear, perseguir, expulsar -tarea a cargo de Aníbal Torres- y hasta aniquilar profesores y alumnos opuestos al fujimontesinismo, como el mismo ex Rector Dr. Wilson Reategui, despojado de su cargo con tanquetas, soldados y policías, a empujones.
Keiko Fujimori reactualiza esto mediante la «política del miedo», reviviendo artificialmente el espectro del terrorismo para vincular cualquier protesta social o reivindicación clasista con la subversión, justificando así la represión estatal [85, 86].
Militarización del control social: Siguiendo el guion del Plan Verde, que exigía una «Democracia Dirigida» por las Fuerzas Armadas [87, 88], el programa fujimorista insiste en la intervención militar en el orden interno, eliminando los contrapesos democráticos en aras de una supuesta «pacificación» que en realidad busca el disciplinamiento violento de las masas desposeídas [89, 90].
2. Defensa del modelo neoliberal como continuidad del saqueo
Fuerza Popular es el guardián político de la Constitución de 1993, que no es un pacto social, sino el marco jurídico de la explotación transnacional [91, 92].
Hegemonía del capital transnacional: El Plan Verde exigía la apertura total al mercado y la sumisión a organismos como el FMI y el Banco Mundial [93, 94]. Keiko Fujimori mantiene esta línea de economía colonial, garantizando que el Perú siga siendo un enclave de extracción de recursos (oro, plata, cobre) para beneficio de las corporaciones extranjeras, a costa de la devastación ambiental y el despojo de las comunidades indígenas [95, 96].
Destrucción de la organización obrera: La «flexibilización laboral» que Mariátegui denunciaría como una nueva forma de esclavitud, iniciada con el «Fujishock» y la destrucción de sindicatos, es el núcleo del programa económico fujimorista [97, 98].
3. Impunidad como defensa corporativa de las fuerzas represivas
La defensa de Keiko Fujimori hacia los crímenes de su padre y del Grupo Colina no es solo lealtad filial; es una necesidad política de clase para garantizar la impunidad de las fuerzas represivas [99].
Validación del terrorismo de Estado: Al exigir el indulto y reivindicar el «éxito» de los 90, Fuerza Popular defiende el derecho del Estado burgués a asesinar impunemente cuando sus intereses están en riesgo [100, 101].
Biopolítica de exterminio: Keiko Fujimori ha negado sistemáticamente el carácter genocida de las esterilizaciones forzadas, calificándolas de «errores» aislados, cuando los documentos demuestran que fueron una política de Estado planificada para mutilar la capacidad reproductiva de la clase campesina e indígena [102, 103].
Conclusión: Memoria contra el fascismo – La lucha de clases en las urnas
Derrotar a Keiko Fujimori y su maquinaria de clase no es un simple ejercicio de «democracia burguesa». Es una batalla fundamental en la lucha de clases en el Perú.
No se trata de elegir entre un candidato u otro, sino de impedir que la burguesía financiera y el militarismo reaccionario vuelvan a gobernar con las herramientas del Plan Verde [104].
La clase trabajadora, el campesinado y la juventud deben blandir la memoria histórica como un arma de combate. Los restos calcinados de La Cantuta, la sangre derramada en Barrios Altos y el dolor de las mujeres esterilizadas son el testimonio material de lo que el fujimorismo representa: la barbarie neoliberal [105, 106].
Votar contra el fujimorismo es, dialécticamente, votar por la supervivencia de la organización popular. Es rechazar el «gamonalismo neoliberal» que pretende convertir el útero de la mujer andina y el sudor del obrero en meros activos de la dictadura del capital [107, 108].
Mariátegui nos enseñó que la burguesía peruana es incapaz de una auténtica democracia nacional [109]. El fujimorismo lo confirmó: ante la crisis de hegemonía, el capital financiero necesitó romper la cáscara democrática e imponer la dictadura como forma política necesaria para garantizar el saqueo y la superexplotación [110].
La lucha no es solo en las urnas, sino en la conciencia de clase para impedir que el fascismo del siglo XXI se disfrace de democracia. ¡Contra el fujimorismo, memoria, organización y movilización popular!
BIBLIOGRAFÍA
- Arce, M. Market Reform in Society: Post-Crisis Politics and Economic Change in Authoritarian Peru. University Park: Pennsylvania State University Press, 2005.
- Burt, J. M. & Mauceri, P. (Eds.). Politics in The Andes: Identity, Conflict, Reform. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2004.
- Cameron, M. A. & Mauceri, P. (Eds.). The Peruvian Labyrinth: Polity, Society, Economy. University Park: Pennsylvania State University Press, 1997.
- Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism: Gender, Race, and Health Sector Reform in Peru. University Park: Pennsylvania State University Press, 2010.
- Gamero Esparza, C. El «Plan» que trajo un pajarillo verde… (El documento desclasificado del SIN). Publicación en línea, 2008.
- Jara, U. Ojo por ojo: La verdadera historia del Grupo Colina. Lima: Planeta, 2003 (2ª edición, 2007).
- Mariátegui, J. C. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima, 1928 (edición utilizada: Ruth Casa Editorial, 2009).
- Mauceri, P. State Under Siege: Development and Policy Making in Peru. Boulder: Westview Press, 1998 (Reimpreso por Routledge, 2018).
NOTAS
¹ Cameron, M. A. & Mauceri, P. (Eds.). The Peruvian Labyrinth: Polity, Society, Economy. University Park: Pennsylvania State University Press, 1997, p. 51.
² Gamero Esparza, C. El «Plan» que trajo un pajarillo verde… (publicación en línea, 2008), cap. 2.2.
³ Gamero Esparza, C. El «Plan» que trajo un pajarillo verde… (publicación en línea, 2008), cap. 3.2.
⁴ Gamero Esparza, C. El «Plan» que trajo un pajarillo verde… (publicación en línea, 2008), cap. 2.3.2.3.
⁵ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 86.
⁶ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 86.
⁷ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.4.
⁸ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
⁹ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
¹⁰ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.1.
¹¹ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.1.
¹² Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.1.
¹³ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.1.
¹⁴ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.4.
¹⁵ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.4.
¹⁶ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.7.
¹⁷ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 3.3.3.
¹⁸ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 1.1.
¹⁹ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.1.
²⁰ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.7.
²¹ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.7.5.3.4.
²² Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
²³ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 8.
²⁴ Jara, U. Ojo por ojo: La verdadera historia del Grupo Colina. Lima: Planeta, 2003 (2ª ed., 2007), p. 49.
²⁵ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 115.
²⁶ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
²⁷ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.7.5.3.4.
²⁸ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
²⁹ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.7.
³⁰ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
³¹ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 80.
³² Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 112.
³³ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 78.
³⁴ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 66.
³⁵ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 135.
³⁶ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 140.
³⁷ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 149.
³⁸ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 59.
³⁹ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism: Gender, Race, and Health Sector Reform in Peru. University Park: Pennsylvania State University Press, 2010, p. 88.
⁴⁰ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 109.
⁴¹ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 151.
⁴² Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 100.
⁴³ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 152.
⁴⁴ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 148.
⁴⁵ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 150.
⁴⁶ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 153.
⁴⁷ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 7.
⁴⁸ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 112.
⁴⁹ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 150.
⁵⁰ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 8.
⁵¹ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 156.
⁵² Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 201.
⁵³ Mariátegui, J. C. Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Lima, 1928 (ed. Ruth Casa Editorial, 2009), p. 26.
⁵⁴ Mariátegui, J. C. Siete ensayos, 1928, p. 33.
⁵⁵ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 44.
⁵⁶ Berckemeyer, J. Todos senderos conducen a la compañía. Bogotá: Ediciones Nacionales Círculo de Lectores Edinal Ltda., 2021, p. 174.
⁵⁷ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 175.
⁵⁸ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 23.
⁵⁹ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 61.
⁶⁰ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 32.
⁶¹ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 36.
⁶² Burt, J. M. & Mauceri, P. (Eds.). Politics in The Andes: Identity, Conflict, Reform. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 2004, p. 127.
⁶³ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.
⁶⁴ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.1.
⁶⁵ Burt, J. M. & Mauceri, P. Politics in The Andes, 2004, p. 138.
⁶⁶ Burt, J. M. & Mauceri, P. Politics in The Andes, 2004, p. 137.
⁶⁷ Burt, J. M. & Mauceri, P. Politics in The Andes, 2004, p. 6.
⁶⁸ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 217.
⁶⁹ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 219.
⁷⁰ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 218.
⁷¹ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 221.
⁷² Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 217.
⁷³ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 56.
⁷⁴ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 57.
⁷⁵ Burt, J. M. & Mauceri, P. Politics in The Andes, 2004, p. 158.
⁷⁶ Burt, J. M. & Mauceri, P. Politics in The Andes, 2004, p. 161.
⁷⁷ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 57.
⁷⁸ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.7.5.3.4.
⁷⁹ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 8.
⁸⁰ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 32.
⁸¹ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 36.
⁸² Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.6.3.2.
⁸³ Burt, J. M. & Mauceri, P. Politics in The Andes, 2004, p. 259.
⁸⁴ Mauceri, P. State Under Siege, 1998, p. 99.
⁸⁵ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 24.
⁸⁶ Mauceri, P. State Under Siege, 1998, p. 111.
⁸⁷ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
⁸⁸ Mauceri, P. State Under Siege, 1998, p. 99.
⁸⁹ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 47.
⁹⁰ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 48.
⁹¹ Burt, J. M. & Mauceri, P. Politics in The Andes, 2004, p. 30.
⁹² Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 7.
⁹³ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 143.
⁹⁴ Mauceri, P. State Under Siege, 1998, p. 105.
⁹⁵ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 8.
⁹⁶ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 44.
⁹⁷ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 141.
⁹⁸ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 151.
⁹⁹ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 151.
¹⁰⁰ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 8.
¹⁰¹ Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 56.
¹⁰² Jara, U. Ojo por ojo, 2003, p. 57.
¹⁰³ Ewig, C. Second-Wave Neoliberalism, 2010, p. 151.
¹⁰⁴ Berckemeyer, J. Todos senderos, 2021, p. 24.
¹⁰⁵ Mauceri, P. State Under Siege, 1998, p. 99.
¹⁰⁶ Gamero Esparza, C. El «Plan»…, 2008, cap. 2.3.2.3.
¹⁰⁷ Arce, M. Market Reform in Society, 2005, p. 6.
¹⁰⁸ Arce, M. Market Reform in Society, 2005, p. 4.
¹⁰⁹ Mariátegui, J. C. Siete ensayos, 1928, p. 47.
¹¹⁰ Cameron, M. A. & Mauceri, P. The Peruvian Labyrinth, 1997, p. 39.
