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De la división a la unidad – Lo que debemos aprender de la lucha contra el fascismo histórico


1. Introducción – La falsa lección del «Voto Nulo»
1.1 La ilusión del vacío: el peligro del voto nulo

La idea de que votar nulo o abstenerse es una forma de protesta neutral, sin consecuencias reales, es una de las ilusiones más dañinas cuando el enemigo ya tiene los pies en el poder. En política no existen los vacíos: cuando tú renuncias a participar, ese espacio no se queda vacío, lo ocupa el más fuerte. Toda abstención altera la correlación de fuerzas y, por omisión, beneficia al sector más disciplinado para aplastar la democracia. No hay neutralidad posible: la pasividad se convierte en un salvoconducto para los que quieren aplastar al pueblo.

El investigador Reinhard Kühnl nos recuerda que el ascenso de los regímenes fascistas no fue ningún cataclismo natural inevitable, sino el resultado de una constelación de fuerzas concretas.¹ Y esa constelación siempre incluyó la fragmentación de la clase trabajadora. El historiador David Renton lo llama la apuesta antifascista: actuar como sujetos, no como espectadores.² Quien se refugia en el voto nulo está, en la práctica, entregando el tablero a quienes quieren abolir cualquier regla democrática.

En el Perú reciente, Carlos Iván Degregori mostró cómo el régimen fujimorista se nutrió del silencio y la inacción de amplios sectores.³ La «antipolítica» fujimorista destruyó las identidades colectivas para reducir al ciudadano a un individuo aislado y resignado.⁴ En el referéndum constitucional de 1993, los votos blancos y nulos, sumados, superaron la diferencia entre el Sí y el No. Pero eso no sirvió para deslegitimar el fraude; al contrario, permitió que una minoría compacta impusiera un marco autoritario que aún nos pesa.⁵

Lección clara: cuando el capital autoritario intenta secuestrar el Estado, la abstención es una transferencia de poder. El voto no es un simple acto de preferencia ideal, es una herramienta de defensa de clase. La protesta neutral es un espejismo: en el fondo, no votar es votar por el más cruel.

Fuente: Wikipedia, Georgi Dimitrov (08.06.1882 – 02.07.1949), Secretario general del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista 1934 – 1943


1.2 El lujo de los puros – Por qué la pureza política favorece al fascismo

La historia del movimiento obrero del siglo XX nos deja una advertencia durísima sobre el sectarismo. No me refiero a tener principios, sino a esa desviación que, bajo la apariencia de una radicalidad intachable, termina favoreciendo a la reacción.⁶ Son los que se dan el «lujo de los puros»: anteponen la pureza de la doctrina a la necesidad de construir alianzas amplias, y con eso desarman a la clase trabajadora frente a la dictadura terrorista del capital.

Richard Saage explica que el error estratégico más costoso de la Internacional Comunista fue la tesis del «socialfascismo».⁷ Al equiparar a la socialdemocracia con el fascismo, se fragmentó a la clase obrera y se cegó a las organizaciones populares ante la diferencia abismal entre una democracia burguesa, con todas sus miserias, y un régimen fascista.⁸ Esa ceguera impidió un frente común y permitió que una minoría reaccionaria tomara el Estado mientras la izquierda se desangraba en peleas internas.

Renton lo dice con claridad: la pureza ideológica suele ser el lujo de los que miran la historia desde la tribuna, no de los que se juegan la vida en el barro.⁹ Frente al fascismo, la prioridad absoluta es derrotarlo, porque no es un gobierno burgués más, sino el instrumento para aniquilar físicamente cualquier organización popular. Dimitrov llamaba a esa actitud «sectarismo satisfecho de sí mismo»: no aprende de las masas, se encierra en esquemas vacíos y aísla a la vanguardia de sus aliados naturales.¹⁰

Superar el sectarismo no es renunciar al socialismo; es aplicarlo científicamente a la correlación de fuerzas real.¹¹ El VII Congreso de la Internacional Comunista en 1935 lo dejó escrito: el Frente Único es la única herramienta capaz de frenar al capital financiero más agresivo.¹² El lujo de rechazar alianzas se paga con sangre. La verdadera radicalidad está en construir un bloque histórico que defienda hasta el último resquicio de las libertades democráticas para usarlas como plataforma de transformación social.¹³

1.3 Perú 2026: no es una elección normal, es una encrucijada

La elección peruana de 2026 no es una más. Es una encrucijada que definirá si la democracia sigue siendo posible en este país. Ocho presidentes han pasado en una década.¹⁴ El 11% de ciudadanos piensa votar en blanco y el 16% está indeciso. Son cifras insólitas en un sistema de voto obligatorio, reflejo de una profunda desconfianza.¹⁵

En ese vacío, Keiko Fujimori no aparece como una conservadora moderna, sino como la heredera directa de un proyecto diseñado por los círculos castrenses a finales de los 80. El Plan Verde lo llamó «democracia dirigida»: una fórmula autocrática para imponer una economía saqueadora controlada por el capital financiero estadounidense con control militar y Congreso neutralizado.¹⁶ Keiko capitaliza hoy la nostalgia por el «hombre fuerte». Ella misma dice: «Perú está sangrando por criminales y extorsionadores. Aquí estoy».¹⁷ Es la misma antipolítica mesiánica que describió Degregori: el salvador por encima de las instituciones.¹⁸

Estamos ante el riesgo de volver a entrar en ese túnel del tiempo del que hablaba Degregori.¹⁹ Un nuevo fujimorismo no sería una alternancia democrática, sino la restauración de un poder déspota, aliado a una corriente regional de «orden y control» que encarnan Milei o Noboa.²⁰ Lo que está en juego es la supervivencia de los últimos vestigios democráticos.²¹ Un segundo fujimorismo tendría efectos devastadores para la clase obrera y la soberanía.²²


2: El error histórico – La teoría del socialfascismo y sus consecuencias
2.1 1914: el SPD y el ocaso del internacionalismo proletario

El 4 de agosto de 1914 fue una ruptura que marcó a fuego la historia del movimiento obrero. Ese día, la socialdemocracia alemana, el SPD, votó en el Reichstag a favor de los créditos de guerra. Abandonaba así décadas de lucha antimilitarista y resoluciones que llamaban a la huelga general contra la guerra imperialista.²³

No fue una capitulación repentina. Sebastian Haffner explica que entre 1890 y 1914 el SPD ya no era el partido de la «revolución roja», sino una fuerza que quería «crecer dentro» del Estado guillermino (emperador feudal alemán).²⁴ Su dirección creyó que la lealtad al «Padre de la Patria» les daría por fin el poder. Hugo Haase declaró: «No dejaremos a la patria en la estacada».²⁵ Con eso, la socialdemocracia aceptó la lógica de la nación por encima de la solidaridad de clase.

Kühnl lo llama la asunción del irracionalismo y el chovinismo burgués por la cúpula obrera.²⁶ El SPD colaboró activamente en la movilización ideológica del proletariado a favor del imperialismo alemán. La colaboración de clases desarmó al pueblo trabajador y sembró la división que llevó a la escisión de 1917.²⁷

Las consecuencias fueron devastadoras. Al aliarse después con el alto mando militar para aplastar la Revolución de Noviembre de 1918, el SPD destruyó su propia base revolucionaria.²⁸ Restauró un Estado burgués del que siguió siendo un «cuerpo extraño» a los ojos de las élites. La claudicación de 1914 creó el terreno para que la contrarrevolución y luego el fascismo pudieran crecer.

2.2 – 1919: el asesinato de Luxemburgo y Liebknecht y sus consecuencias

La represión de la Revolución de Noviembre de 1918 y el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht son la herida fundacional que partió en dos al movimiento obrero alemán. No fue un desborde de violencia, sino una acción militar sistemática ordenada por la dirección del SPD, que prefirió restaurar el orden burgués antes que profundizar la revolución.²⁹

Haffner lo llama «traición» desde el corazón del poder obrero. Friedrich Ebert pactó en secreto con el Alto Mando Militar para arrancar el poder a los consejos de obreros y soldados.³⁰ Gustav Noske se ofreció como el «sabueso» que aplastaría con los Freikorps (milicias fascistas) cualquier intento de democracia proletaria.³¹

El 15 de enero de 1919 asesinaron a Rosa y Karl. No fue un combate callejero fortuito: fue una liquidación planificada. El jefe del comando, Waldemar Pabst, consultó por teléfono con Noske antes de proceder, y recibió una aprobación indirecta para que el SPD pudiera lavarse las manos mientras eliminaba físicamente a sus opositores más lúcidos.³²

El asesinato hizo incurable la escisión (rompmiento) de la socialdemocracia, condenó al SPD a una minoría perpetua sin aliados a su izquierda³³ y sembró en los comunistas una desconfianza absoluta, base psicológica de la teoría del «socialfascismo».³⁴ Kühnl señala que esta represión no solo destruyó los consejos, sino que quebró el espíritu de lucha del proletariado.³⁵ Al usar a los Freikorps (milicias fascistas) para asesinar a sus propios compañeros, la socialdemocracia incubó en esas milicias el germen de las futuras SA y SS, milicias nazis.³⁶ Fue el asesinato de la revolución, un crimen que pavimentó el camino hacia la inestabilidad de Weimar (la primera república democrática alemana) y finalmente hacia el triunfo del fascismo.

2.3 El error del socialfascismo y la fragmentación del movimiento obrero

Entre 1928 y 1933, la Internacional Comunista adoptó la teoría del «socialfascismo», uno de los errores analíticos más graves del movimiento obrero.³⁷ Sostenía que socialdemocracia y fascismo eran «gemelos» que cumplían la misma función de preservar el orden burgués.³⁸ Zinoviev y Stalin sostenían que el reformismo era el «enemigo principal», el ala moderada del fascismo, y que lo único que había que hacer era combatirlo.

Este diagnóstico prohibió cualquier alianza táctica con los socialdemócratas e impulsó la política de «clase contra clase».³⁹ En la práctica, el Partido Comunista Alemán dedicó tanta energía a combatir al SPD como al nazismo, cegado ante la diferencia cualitativa entre una democracia imperfecta y una dictadura terrorista.⁴⁰

El resultado fue la parálisis frente a Hitler. La «simetría de antagonismos» impedía una respuesta unificada incluso cuando la amenaza era existencial.⁴¹ Algunos creían que la llegada de Hitler aceleraría la revolución. La historia demostró lo contrario: al no defender los «últimos vestigios» de la democracia, el movimiento obrero fue aniquilado, sus sindicatos disueltos y sus líderes encarcelados o asesinados.

El viraje llegó tarde, en el VII Congreso de 1935, cuando Dimitrov reconoció que ignorar la diferencia entre las formas de gobierno burgués había sido un error criminal.⁴² La teoría del socialfascismo, en su obsesión por la pureza, se convirtió en un callejón sin salida que facilitó la victoria de la reacción más extrema del capital financiero.

2.4 – 1933: cuando la izquierda allanó el camino a Hitler

El 30 de enero de 1933, Hitler no fue ungido por una mayoría popular: fue una transferencia de poder orquestada por las élites en un momento de agotamiento electoral del nazismo.⁴³ En noviembre de 1932, el partido nazi había caído al 33,1% de los votos. La dictadura no fue inevitable: fue el resultado de una constelación de fuerzas concretas.⁴⁴ Y la condición decisiva fue la fragmentación del movimiento obrero, que a pesar de su fuerza numérica estaba paralizado por sus antagonismos internos.⁴⁵

El principal obstáculo fue la teoría del «socialfascismo».⁴⁶ El KPD (Partido Comunista Alemán), consideraba al SPD su «enemigo principal» y subestimó fatalmente a los nazis, creyendo que un gobierno de Hitler sería un breve interludio que aceleraría la revolución.⁴⁷ Mientras tanto, el SPD se refugió en un legalismo abstracto, confiando en las instituciones y en el presidente Hindenburg para detener al fascismo, sin ver que el aparato estatal nunca fue neutral.⁴⁸

Renton califica esa parálisis como un «alarde ante la historia»: actuaban como si los nazis no pudieran destruir sus estructuras.⁴⁹ Pero el fascismo no era un gobierno común, sino un sistema diseñado para aniquilar toda forma de democracia proletaria.⁵⁰ La ceguera ante esa diferencia impidió el Frente Único, que habría sido el mejor medio para frenar a los nazis.⁵¹

La derrota no fue un desastre natural: fue el resultado de priorizar la pureza ideológica sobre la necesidad táctica de la unidad.⁵² La historia muestra que la desunión de las fuerzas democráticas es la premisa básica del triunfo autoritario.⁵³ Analizar esos errores es fundamental para entender que, frente a la barbarie, la pasividad y el sectarismo son, objetivamente, aliados de la reacción.⁵⁴


3. El viraje – El VII Congreso Mundial de la Komintern de 1935
3.1 El diagnóstico de Dimitrov: qué es realmente el fascismo

El VII Congreso de la Internacional Comunista en 1935 fue un viraje estratégico fundamental. Abandonó la tesis del socialfascismo y ofreció una definición científica de la amenaza.⁵⁵ Dimitrov lo dijo claro: el fascismo en el poder es «la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero».⁵⁶

No es un poder «por encima de las clases», ni una revuelta de la pequeña burguesía. Es el poder del propio capital financiero que, al no poder gobernar con los métodos tradicionales del parlamentarismo, recurre a la violencia extrema para estabilizar su dominio.⁵⁷ El fascismo no es un gobierno más: es la sustitución de la democracia burguesa por la dictadura terrorista abierta.⁵⁸

Dimitrov distinguía entre la base social del fascismo y su carácter de clase. Logra movilizar a sectores de la pequeña burguesía e incluso a trabajadores desorientados mediante una demagogia social que apela a sus necesidades más urgentes, pero todo eso está al servicio de los monopolios.⁵⁹ Esas masas nunca lo habrían apoyado si hubieran comprendido su verdadera naturaleza.⁶⁰

Para nosotros hoy, esa definición es una herramienta para identificar el contenido material de los discursos autoritarios. El fascismo no se define por sus símbolos, sino por su función: el terrorismo de Estado y el chovinismo brutal para proteger a las fracciones más rapaces del capital. Al caracterizarlo como «venganza terrorista», Dimitrov nos dice que defender los últimos vestigios de la democracia formal es una tarea imperativa para evitar la aniquilación física de la clase trabajadora.⁶¹

3.2 La autocrítica de la Komintern: un paso doloroso pero necesario

El giro de 1935 no fue una evolución natural, sino el resultado de una autocrítica forzada por la realidad aplastante de la derrota en Alemania. Se abandonó formalmente la teoría del socialfascismo.⁶² Se reconoció que los socialdemócratas de base no eran enemigos del mismo rango que el fascismo, sino aliados potenciales y víctimas de una dirección que había claudicado.⁶³

Era un cambio de paradigma que exigía superar lo que Dimitrov llamaba el «sectarismo satisfecho de sí mismo», ese dogmatismo que se niega a aprender de las masas.⁶⁴ Fue doloroso para toda una generación educada en la hostilidad absoluta al reformismo. Pero la capacidad de reconocer errores estratégicos no es una debilidad; es una virtud política.⁶⁵

El VII Congreso transformó la derrota de 1933 en una lección colectiva. La adopción del Frente Único representó la síntesis dialéctica de ese aprendizaje: la defensa de los «últimos vestigios de las libertades democráticas» no como fin en sí mismo, sino como la condición necesaria para reagrupar al proletariado y pasar de la defensiva a la contraofensiva.⁶⁶

3.3 El Frente Único como estrategia: teoría y práctica de la alianza

El Frente Único no fue una simple coalición electoral. Fue una metodología de combate para alterar la correlación de fuerzas en el terreno material.⁶⁷ Su premisa básica era que la fragmentación del movimiento obrero era la principal ventaja operativa del fascismo. Por eso proponía la unidad de acción concreta en fábricas, barrios y calles, más allá de la mera retórica parlamentaria.

Dimitrov insistía en la unidad «desde abajo», desde la movilización popular, pero no descartaba los pactos «desde arriba». Un rasgo revolucionario de esta táctica era su flexibilidad programática. El Frente Único no exigía que los aliados adoptaran el socialismo; el objetivo común mínimo era la defensa de las libertades democráticas que el capital financiero estaba aniquilando.⁶⁸ Defender «cada pulgada» de esas libertades no era una claudicación reformista, sino una necesidad científica: sin espacio legal, la clase trabajadora queda desarmada.

Renton lo resume: el Frente Único es el «mejor medio» para prevenir el avance de la reacción.⁶⁹ Al centrarse en demandas urgentes —impedir que el costo de la crisis recaiga sobre los pobres— funcionaba como una escuela de aprendizaje revolucionario. Las masas dejaban de esperar el colapso y se organizaban como sujetos activos.

3.4 El ejemplo de Francia 1934: cómo el Frente Único detuvo al fascismo

Francia 1934 es el modelo de cómo la unidad de acción puede ser una barrera eficaz contra el fascismo. Mientras que en Alemania la fragmentación facilitó la captura del Estado, en Francia la convergencia popular logró frenar el golpe.⁷⁰

El 6 de febrero de 1934, las ligas fascistas, financiadas por la gran burguesía, asaltaron la Cámara de Diputados. Pero a diferencia de Alemania, la respuesta fue inmediata: el 12 de febrero una huelga general masiva en París unió espontáneamente a obreros socialistas y comunistas en las calles. Fue el principio del fin de la táctica de «clase contra clase».⁷¹

Dimitrov destacó que el proletariado francés no esperó el ataque general de la reacción, sino que le infligió «golpes decisivos» antes de que pudiera organizarse.⁷² La unidad de acción permitió atraer a las capas medias, neutralizando la demagogia social de los fascistas. El 14 de julio de 1935, medio millón de personas llenaron las calles de París. Quedó claro que cuando hay voluntad de unidad férrea y disciplina de acción común, el fascismo puede ser repulsado.⁷³ Esa experiencia pedagógica permitió a la vanguardia internacional rectificar su diagnóstico: la división de las filas proletarias era la premisa básica de la victoria fascista.⁷⁴


4. La lección para el Perú – Qué nos dice la historia hoy
4.1 Keiko Fujimori como amenaza fascista contemporánea

Llamar a Keiko Fujimori una amenaza fascista no es un exabrupto retórico. Si aplicamos la definición de Dimitrov, el fascismo en el poder es la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios del capital financiero. Keiko representa la continuidad orgánica de un poder diseñado para garantizar la seguridad de las corporaciones transnacionales mediante la neutralización de los derechos sociales y el terrorismo de Estado.⁷⁵

El Plan Verde lo dejó escrito: aniquilación biopolítica de los «excedentes poblacionales nocivos».⁷⁶ Las esterilizaciones forzadas de los años 90 fueron la aplicación concreta de ese pensamiento fascistoide. Además, el poder político se funde con el crimen organizado: el Informe Kroll reveló la red de Keiko con la mafia Yakuza, lavado de dinero y testaferros.⁷⁷ El Estado y la criminalidad se difuminan.⁷⁸

Degregori lo explica: el fujimorismo vacía la democracia con el lenguaje de la guerra, aniquila al adversario trasladando tácticas bélicas a la política civil.⁷⁹ Es un «autoritarismo post-moderno» que, bajo fachada democrática, pretende reinstalar un régimen donde la justicia social sea sacrificada para la acumulación de capital por una camarilla corrupta y servil al imperio.⁸⁰

Imágen editado por Frank Hagen

4.2 El debate del «Voto Nulo» frente al ascenso fascista

El llamado al voto nulo hoy no es ninguna novedad: es la reedición del sectarismo que ya juzgó la historia. Quienes dicen que votar por Sánchez es igual que votar por Keiko repiten el error de los que en los años 30 equiparaban a la socialdemocracia con el fascismo. Esa tesis fue la condición de posibilidad objetiva para que Hitler llegara al poder.⁸¹

Saage lo resume: la izquierda alemana se cegó ante la diferencia cualitativa entre una democracia burguesa imperfecta y una dictadura terrorista abierta.⁸² La neutralidad electoral ante una amenaza fascista real no es protesta ética, es colaboración objetiva. En el Perú de hoy, equiparar una candidatura democrática con el proyecto fujimorista —vinculado al exterminio biopolítico y al control de tipo Gestapo— es desarmar ideológicamente al pueblo.⁸³

La lección del VII Congreso es tajante: el Frente Único es el mejor medio para prevenir la reacción, y eso exige usar todas las posibilidades legales, incluso las más imperfectas, para defender los últimos vestigios de las libertades democráticas.⁸⁴ El lujo de la pureza ideológica es el lujo de los espectadores. El voto nulo hoy no es rebeldía: es el eco del sectarismo que en el pasado entregó las llaves del Estado a la barbarie.⁸⁵

4.3 El Frente Único como imperativo del momento

Construir el Frente Único en el Perú actual no es una opción táctica más: es un imperativo de supervivencia para todas las fuerzas democráticas. La unidad de acción es el arma principal para detener el avance de la reacción fascista.⁸⁶ Hay que construir un bloque que incluya comunistas, socialistas, liberales e incluso conservadores institucionales que quieran preservar lo poco que queda del Estado de derecho frente a una captura autoritaria total.

Renton lo recuerda: el Frente Único sigue siendo el mejor medio para prevenir el avance de los regímenes aniquiladores del pluralismo.⁸⁷ El objetivo inmediato debe ser defender cada pulgada de las libertades democráticas: autonomía de los organismos electorales, independencia judicial, derecho a la movilización. El Frente Único no exige abandonar el programa máximo; exige coordinar acciones concretas en los barrios, los sindicatos y las calles.⁸⁸

El principal obstáculo es el sectarismo, ese «sectarismo satisfecho de sí mismo» que prefiere la pureza a la victoria. Equivocar al enemigo principal, que es el fascismo bajo el mando del escudo de la muerte de Trump —repetir la lógica que igualó democracia burguesa con fascismo— solo facilita el triunfo de la reacción.⁸⁹ El Frente Único exige realismo y priorizar la correlación de fuerzas material. No se trata de votar por una candidatura por afinidad ideológica, sino de una táctica defensiva para impedir que una dictadura terrorista elimine las condiciones básicas de cualquier lucha política futura.

4.4 Conclusión: de la división a la unidad

Una ley fundamental de la historia política del siglo XX es esta: la división de las fuerzas populares es la premisa del triunfo fascista. Kühnl lo llama una «experiencia histórica asegurada»: el fascismo solo pudo capturar el poder en Italia, Alemania y Austria porque el movimiento obrero estaba fracturado.⁹⁰

El VII Congreso de 1935 reconoció que el sectarismo había fracasado catastróficamente y calificó como «criminal» cualquier relajamiento en la obra del Frente Único. La prioridad absoluta era salvaguardar los últimos vestigios de las libertades democráticas para evitar la aniquilación física de las organizaciones de base.⁹¹

Hoy en Perú, repetir la postura del voto nulo bajo el argumento de la pureza política es ignorar que el autoritarismo fujimorista opera mediante el desarraigo de la democracia y la atomización de la sociedad. La lección de 1935 es que no se puede «estar entre dos sillas» cuando el adversario busca la captura total del Estado para el saqueo y la represión, además perpetuarse en el poder. El Frente Único es la herramienta para recuperar la iniciativa política, para impedir que el país vuelva a entrar en el túnel del tiempo de una dictadura cívico-militar.⁹²

Pasar de la división a la unidad exige realismo, no abstracciones doctrinarias. La unidad de acción permite pasar de la defensa al contraataque. En 2026, la elección no es un trámite: es una lucha por mantener abierto el espacio de la política frente a un modelo de mano dura diseñado para eliminar cualquier resistencia popular. La apuesta antifascista nos convoca a actuar, a no ser espectadores. Frente a la barbarie, la fragmentación es, objetivamente, la mejor aliada del enemigo.

Bibliographie

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DIMITROV, Georgi. The United Front Against Fascism and War. London: Lawrence & Wishart, 1938.

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HAFFNER, Sebastian. *Der Verrat. Deutschland 1918-1919*. Berlin: Verlag, 1995.

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RENTON, David. Fascism. History and Theory. London: Pluto Press, 1999.

SAAGE, Richard. Faschismus. Konzeptionen und historische Kontexte. Eine Einführung. Wiesbaden: VS Verlag, 2007.

Notas

¹ Kühnl, Formen bürgerlicher Herrschaft, 1971, p. 111.
² Renton, Fascism, 1999, p. 456.
³ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 13.
⁴ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 350.
⁵ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, pp. 43, 134.
⁶ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 146.
⁷ Saage, Faschismus, 2007, p. 29.
⁸ Saage, Faschismus, 2007, p. 36.
⁹ Renton, Fascism, 1999, p. 456.
¹⁰ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 135.
¹¹ VII Congreso, Fascismo, democracia y frente popular, 1984, p. 550.
¹² Dimitrov, The United Front, 1938, p. 154.
¹³ Buenos Aires Times, «Peru frontrunner», 2026, p. 1.
¹⁴ Buenos Aires Times, 2026, p. 1.
¹⁵ Gamero, El Plan Verde, 2008, p. 2.
¹⁶ Gamero, El Plan Verde, 2008, p. 3.
¹⁷ Buenos Aires Times, 2026, p. 1.
¹⁸ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 15.
¹⁹ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 16.
²⁰ Buenos Aires Times, 2026, p. 1.
²¹ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 301.
²² Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 17.
²³ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 12.
²⁴ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 10.
²⁵ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 12.
²⁶ Kühnl, Faschismustheorien, 1990, p. 57.
²⁷ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 16.
²⁸ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 175.
²⁹ Kühnl, Formen bürgerlicher Herrschaft, 1971, p. 112.
³⁰ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 110.
³¹ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 213.
³² Haffner, Der Verrat, 1995, p. 144.
³³ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 206.
³⁴ Haffner, Der Verrat, 1995, p. 151.
³⁵ Renton, Fascism, 1999, p. 143.
³⁶ Kühnl, Formen bürgerlicher Herrschaft, 1971, p. 112.
³⁷ Renton, Fascism, 1999, p. 110.
³⁸ Renton, Fascism, 1999, p. 110.
³⁹ Renton, Fascism, 1999, p. 111.
⁴⁰ Saage, Faschismus, 2007, p. 36.
⁴¹ Renton, Fascism, 1999, p. 111.
⁴² Saage, Faschismus, 2007, p. 39.
⁴³ Kühnl, Faschismustheorien, 1990, p. 60.
⁴⁴ Kühnl, Faschismustheorien, 1990, p. 57.
⁴⁵ Renton, Fascism, 1999, p. 111.
⁴⁶ Renton, Fascism, 1999, p. 110.
⁴⁷ Renton, Fascism, 1999, p. 139.
⁴⁸ Kühnl, Formen bürgerlicher Herrschaft, 1971, p. 106.
⁴⁹ Renton, Fascism, 1999, p. 139.
⁵⁰ Renton, Fascism, 1999, p. 139.
⁵¹ Renton, Fascism, 1999, p. 456.
⁵² Kühnl, Faschismustheorien, 1990, p. 283.
⁵³ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 14.
⁵⁴ Kühnl, Faschismustheorien, 1990, p. 283.
⁵⁵ Saage, Faschismus, 2007, p. 38.
⁵⁶ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 98.
⁵⁷ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 100.
⁵⁸ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 103.
⁵⁹ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 106.
⁶⁰ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 101.
⁶¹ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 101.
⁶² Saage, Faschismus, 2007, p. 39.
⁶³ Saage, Faschismus, 2007, p. 38.
⁶⁴ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 146.
⁶⁵ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 111.
⁶⁶ VII Congreso, Fascismo, democracia y frente popular, 1984, p. 467.
⁶⁷ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 20.
⁶⁸ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 23.
⁶⁹ Renton, Fascism, 1999, p. 456.
⁷⁰ Saage, Faschismus, 2007, p. 38.
⁷¹ Renton, Fascism, 1999, p. 139.
⁷² Dimitrov, The United Front, 1938, p. 132.
⁷³ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 154.
⁷⁴ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 14.
⁷⁵ Gamero, El Plan Verde, 2008, p. 2.
⁷⁶ Gamero, El Plan Verde, 2008, pp. 128, 324.
⁷⁷ Kroll Inc., Informe Kroll, 2003, p. 369.
⁷⁸ Kroll Inc., Informe Kroll, 2003, p. 355.
⁷⁹ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 105.
⁸⁰ Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 68.
⁸¹ Saage, Faschismus, 2007, p. 36.
⁸² Saage, Faschismus, 2007, p. 39.
⁸³ Renton, Fascism, 1999, p. 139.
⁸⁴ Gamero, El Plan Verde, 2008, pp. 154-155.
⁸⁵ Renton, Fascism, 1999, p. 456.
⁸⁶ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 20.
⁸⁷ Renton, Fascism, 1999, p. 456.
⁸⁸ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 27.
⁸⁹ Dimitrov, The United Front, 1938, p. 14.
⁹⁰ Kühnl, Faschismustheorien, 1990, p. 283.
⁹¹ VII Congreso, Fascismo, democracia y frente popular, 1984, p. 467.
⁹² Degregori, La década de la antipolítica, 2013, p. 286.

Un comentario en «De la división a la unidad – Lo que debemos aprender de la lucha contra el fascismo histórico»

  • Excelente artículo hermano Frank. Cada nuevo artículo va mejorando, gracias por enseñarnos a analizar nuestra realidad.

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