Política, Perú: Marchas contra una delincuencia desbordada
La delincuencia en el Perú, entre la tragedia y la lucha de clases
Por Frank Hagen
El asesinato del joven Paul Flores, conocido como «El Ruso», durante un ataque sicarial al bus de la empresa Armonía 10 en San Juan de Lurigancho (marzo de 2025), ha conmocionado a la sociedad peruana. Las cámaras de seguridad que captaron a cuatro sicarios disparando indiscriminadamente, no solo evidencian la brutalidad de la delincuencia organizada, sino que exponen la crisis terminal del Estado burgués, incapaz de garantizar seguridad en un contexto de desigualdad neoliberal. Este hecho, junto con las marchas del 21 y 28 de marzo de 2023 organizadas bajo consignas como #NoQueremosMorir, refleja la desesperación de las clases populares frente a una violencia que avanza sin control.

Fuente imagen: Facebook Armonia 10
Sin embargo, el debate público sobre la delincuencia sigue siendo superficial y peligrosamente orientado. Los medios hegemónicos y sectores políticos vinculados al caviarismo (liberales y seudo-izquierdistas) reducen el problema a la «falta de mano dura» o a los venezolanos en general, evitando cuestionar las causas estructurales: la precarización laboral, la impunidad de las élites y la dependencia imperialista. Peor aún, instrumentalizan el dolor de las víctimas para exigir soluciones autoritarias (militarización, estados de emergencia), que solo profundizarán la represión contra los pobres mientras protegen a los verdaderos culpables: el capital transnacional y sus aliados locales 1.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), desde que Dina Boluarte asumió el poder en diciembre de 2022, los delitos contra la vida y el patrimonio han aumentado en 30% en Lima y Callao, con picos del 45% en zonas como El Agustino y San Martín de Porres. Este incremento no es casual: coincide con políticas neoliberales que destruyen el empleo formal (80% de la población trabaja en informalidad), recortes de servicios públicos, privatizaciones, etc.
La delincuencia, lejos de ser un «problema de seguridad ciudadana», es producto de un sistema económico que sacrifica vidas en el altar de las ganancias. La respuesta no está en más represión, sino en desenmascarar las alianzas entre el Estado, las ONG extranjeras y el crimen organizado, y en construir una alternativa socialista que erradique las raíces del caos.
I. Las raíces históricas del crimen en el capitalismo: De la esclavitud a la guerra del opio
El crimen no es un fenómeno ajeno al capitalismo, sino su expresión más descarnada. Desde sus orígenes, el sistema capitalista se ha nutrido de violencia estructural y crímenes de lesa humanidad para consolidar su hegemonía. La esclavitud colonial, la expulsión de pueblos originarios y las guerras imperialistas no fueron «excesos» del pasado, sino mecanismos esenciales para la acumulación primitiva de capital, tal como lo analizó Marx en su obra El Capital.
1. Esclavitud y colonialismo: Crimen fundacional del capitalismo
La trata transatlántica de africanos y la esclavitud en las colonias no fueron meras aberraciones morales, sino empresas capitalistas organizadas para maximizar ganancias. Banqueros y comerciantes europeos y estadounidenses financiaron expediciones de esclavos, mientras plantaciones en América Latina y el Caribe generaban riqueza mediante el trabajo forzado. En EE.UU., la expansión hacia el oeste implicó la limpieza étnica y genocidio de pueblos indígenas, despojados de sus tierras para abrir paso a la agricultura capitalista y los ferrocarriles. Estos crímenes, legalizados por estados coloniales, sentaron las bases de la economía moderna, donde la violencia y la explotación son inherentes al sistema.
2. Guerra del opio: Crimen imperialista y destrucción de naciones


Guerra del opio encabezado por Reyno Unido y otros países europeos contra China, Fuente Imagen: Wikipedia
En el siglo XIX, el capitalismo británico y estadounidense desató la guerra del opio contra China, traficando drogas para destruir su economía y abrir sus mercados. Bancos como Jardine Matheson blanquearon capitales del narcotráfico, mientras potencias occidentales imponían tratados desiguales para controlar puertos y recursos2. Este patrón de guerra económica y social se repite hoy: el narcotráfico en México, Colombia y Perú, tolerado por gobiernos cómplices, reproduce la dependencia y financia campañas políticas, integrándose al capital financiero global.
3. Crimen organizado y capitalismo neoliberal: Una simbiosis destructiva
Bajo el neoliberalismo, la delincuencia organizada no es una «anomalía», sino un aliado objetivo de las élites. La flexibilización laboral, la privatización de servicios públicos y la destrucción de empleo formal han creado un ejército de desempleados que, ante la falta de alternativas, se incorpora a redes de trata de personas, minería ilegal o narcotráfico.
Ejemplos actuales:
- Lavado de dinero: Bancos transnacionales como HSBC o Wells Fargo han sido multados por blanquear capitales del crimen organizado, demostrando la complicidad estructural entre el capital financiero y las mafias1
- Trata de mujeres y migración forzada: La crisis venezolana, manipulada por EE.UU. y ONG, ha inundado Perú y Ecuador de migrantes explotados en trabajos informales o prostitución, deprimiendo salarios y generando caos2 3
4. El Estado capitalista: Represión selectiva y protección de criminales
El Estado burgués no combate el crimen, sino que lo administra para perpetuar el sistema:
- Impunidad para las élites: Crímenes de cuello blanco (evasión fiscal, saqueo de recursos, contaminación ambiental, etc.) quedan impunes, mientras se criminaliza al proletariado.
- Militarización y «mano dura»: Políticas represivas (Ej.: estados de emergencia en Perú) sirven para someter a las clases trabajadoras, no para erradicar las causas del crimen.
El crimen como arma de clase
El capitalismo no solo genera crimen, sino que lo funcionaliza para dividir a la clase trabajadora y justificar su propia barbarie. Desde la esclavitud hasta el narcotráfico, la violencia ha sido herramienta de dominación. La única solución es abolir el sistema que la engendra, mediante la unidad de trabajadores, campesinos y migrantes, y la construcción de un Estado proletario que nacionalice los recursos y erradique la explotación.
II. La doctrina Rumsfeld-Cebrowski, el Comando Sur: Delincuencia como medio de desestabilización y la guerra por los recursos
La doctrina Rumsfeld-Cebrowski, formulada en los años 2000 por el exsecretario de Defensa de EE.UU., Donald Rumsfeld, y el general Arthur Cebrowski, es un plan estratégico imperialista para mantener la hegemonía global mediante la desestabilización de regiones enteras. Su objetivo central es fragmentar estados soberanos, convertirlos en «arcos de crisis» y garantizar el control de recursos naturales estratégicos (litio, cobre, petróleo, etc.) para el capital transnacional. Bajo el pretexto de «combate al terrorismo o lucha contra el narcotráfico» o «defensa de la democracia», esta doctrina justifica guerras híbridas, golpes de Estado y la militarización de territorios, convirtiendo a América Latina en un laboratorio de caos2.

Perú en la estrategia imperialista de EE.UU. está destinado a ser un estado fallido, Fuente Imagen: US-Military Services
La doctrina Rumsfeld-Cebrowski: Caos como política de Estado.
La doctrina divide el mundo en «zonas de desorden» (África, Oriente Medio, América Latina) donde se fomenta la inestabilidad para:
- Debilitar gobiernos antiimperialistas (ej. Venezuela, Nicaragua).
- Privatizar recursos naturales mediante acuerdos neocoloniales.
- Criminalizar la resistencia popular, etiquetándola como «terrorismo».
Como señaló Cebrowski2:
«La guerra ya no es entre ejércitos, sino entre el orden y el caos. EE.UU. debe controlar el caos para dominar el siglo XXI».
En Perú, esto se traduce en la militarización de zonas mineras (Cajamarca, Arequipa) y la promoción de conflictos sociales para justificar la intervención del Comando Sur (SOUTHCOM).
El Comando Sur y los intereses de EE.UU.: «Proteger recursos, no personas»
El Comando Sur, brazo militar de EE.UU. en América Latina, actúa como gendarme del capital transnacional. Su misión no es «combatir el crimen», sino asegurar el acceso a recursos estratégicos para empresas como Newmont, Barrick Gold o Southern Copper, que saquean el subsuelo peruano.
La general Laura Richardson, exjefa del SOUTHCOM, lo dejó claro en 2022 sobre América Latina2:
«¿Por qué es importante esta región?». «Con todos sus ricos recursos y elementos de tierras raras» y «a EE. UU. le queda mucho por hacer… Tiene mucho que ver con la seguridad nacional y tenemos que empezar nuestro juego»
Esta declaración desnuda la lógica extractivista del imperialismo: la «estabilidad» no es para el pueblo, sino para las corporaciones.
La UE: Cómplice del saqueo neocolonial
La Unión Europea, lejos de ser un «aliado neutral», colabora con EE.UU. mediante acuerdos como el Pacto de Marrakech (que facilita la migración venezolana hacia Perú) y la Alianza del Pacífico, que promueve privatizaciones y la penetración de capitales europeos en sectores estratégicos
La UE también financia ONGs como Haciendo Futuro (Paulina Facchin) y Unión Venezolana en el Perú (Óscar Pérez), cuyo modus operandi es:
- Inundar Perú de migrantes venezolanos para saturar servicios públicos.
- Generar caos social que justifique intervenciones externas3
Perú: Laboratorio de guerra híbrida
La aplicación de la doctrina Rumsfeld-Cebrowski en Perú se evidencia en:
- Militarización de fronteras: bases de EE.UU. en la selva peruana para controlar recursos y rutas del narcotráfico2.
- Guerra económica: TLC y privatizaciones que destruyen el empleo formal, alimentando la delincuencia1.
- Manipulación migratoria: uso de venezolanos como «ejército de reserva» para deprimir salarios y dividir a la clase trabajadora3.
Resistir el saqueo imperialista
La doctrina Rumsfeld-Cebrowski no es un plan abstracto, sino una guerra de clases que sacrifica vidas peruanas en nombre del capital. Frente a esto, la clase trabajadora debe:
- Desenmascarar la complicidad de gobiernos títeres (como el de Dina Boluarte) con el imperialismo.
- Exigir la expulsión del Comando Sur y la nacionalización de recursos.
- Unir a trabajadores, migrantes y pueblos originarios en una lucha común contra el neocolonialismo.
III. Migración artificial y xenofobia: Dos caras de la misma moneda imperialista
La migración masiva impulsada por potencias extranjeras bajo doctrinas como la de Rumsfeld-Cebrowski no es un «fenómeno humanitario», sino un mecanismo de guerra híbrida diseñado para desestabilizar economías y socavar soberanías. Organizaciones no gubernamentales (ONG) como Haciendo Futuro y Unión Venezolana en el Perú, financiadas por el imperialismo, han inundado el país de migrantes venezolanos, saturando servicios públicos y generando caos3. Este plan, vinculado al Comando Sur de EE.UU. , busca fragmentar la unidad popular y justificar intervenciones externas2. Sin embargo, la respuesta de la clase media y sectores del proletariado ha sido en algunos casos, la xenofobia, exigiendo «mano dura» contra migrantes (abriendo peligrosamente las puertas del fascismo), mientras ignoran los verdaderos culpables: el imperialismo y sus políticas de despojo1.

Pablo Kuczynski: El «arquitecto» de la política migratoria en el Perú; Fuente imagen: PPK.pe
La contradicción radica en que la migración artificial y la xenofobia son productos del mismo sistema. Por un lado, el imperialismo utiliza a migrantes como arma de caos para someter a gobiernos soberanos2; por otro, la xenofobia sirve a la oligarquía para:
- Dividir a la clase trabajadora, enfrentando a peruanos y venezolanos en una guerra de pobres contra pobres.
- Desviar la atención de las causas estructurales del crimen (desempleo, informalidad, impunidad de las élites).
- Legitimar autoritarismo : La represión contra migrantes y «delincuentes» normaliza el Estado policial, que luego recae sobre sindicatos y movimientos sociales1, quienes son el verdadero objetivo: suprimir la resistencia popular.
Desde una perspectiva marxista-leninista , la solución no está en criminalizar a las víctimas (migrantes explotados por el capital), sino en atacar las raíces del sistema que los desplaza y los instrumentaliza. La unidad entre proletarios peruanos y venezolanos – ambos oprimidos por el neoliberalismo – es clave para derrotar al imperialismo y construir un Estado socialista plurinacional que garantice soberanía y justicia.
IV. Contra el lumpenproletariado mercenario: Estrategia dual de un Estado socialista plurinacional
La lucha contra las bandas criminales organizadas – incluidos los grupos lumpen instrumentalizados por el imperialismo – exige una perspectiva materialista que combine represión revolucionaria con transformaciones radicales en las relaciones de producción. Como señala Marx, el lumpenproletariado no es un aliado de la revolución, sino una «hez social» manipulable por la reacción1, tal como ocurre hoy con las guarimbas venezolanas infiltradas en Perú y Ecuador, financiadas por agencias como USAID y la NED3.
Desenmascarar y neutralizar al lumpenproletariado mercenario
Un gobierno socialista plurinacional debe actuar con rigor contra las redes criminales que operan como agentes de la contrarrevolución. Esto implica:
- Desarticular estructuras mafiosas vinculadas al narcotráfico, trata de personas y sicariato, identificando sus conexiones con el capital transnacional y el Comando Sur2.
- Juzgar a líderes mercenarios como Paulina Facchin o Óscar Pérez, cuyas ONG han sido piezas clave en la migración artificial y la desestabilización3.
Sin embargo, la represión no puede ser indiscriminada. Marx advierte que el lumpenproletariado, aunque peligroso, es producto de la miseria capitalista1.
Transformar las condiciones que generan delincuencia
La «mano dura» burguesa, que criminaliza a migrantes y pobres, ignora que el 90% de los presos en Perú son trabajadores informales. Un Estado socialista debe:
Nacionalizar los recursos naturales (oro, litio, cobre, petróleo) para eliminar el saqueo imperialista que alimenta la corrupción y el crimen.
- Garantizar empleo digno y educación pública, absorbiendo a sectores marginados en un plan de industrialización soberana.
- Expulsar al Comando Sur y cerrar bases militares que facilitan la entrada de capital ilícito y la formación de bandas.
Repatriación solidaria y control migratorio soberano
La migración artificial, lejos de ser un «problema humanitario», es una estrategia de guerra no convencional2. Un gobierno socialista debe:
- Repatriar a migrantes venezolanos víctimas del caos, mediante acuerdos con Venezuela que garanticen su reintegración sin represalias3.
- Rechazar el Pacto de Marrakech y otras políticas migratorias neoliberales que instrumentalizan a los migrantes como «ejército de reserva».
- Fiscalizar las ONG extranjeras, expropiando sus fondos y prohibiendo su injerencia en asuntos internos3.
Milicias populares, Ronderos rurales y urbanos: Autodefensa sin Estado represivo

Ronderos contra la delincuencia en zonas rurales y ciudades?
La seguridad no puede depender de instituciones corruptas (Policía Nacional, Poder Judicial), sino de organizaciones populares armadas:
- Milicias comunitarias integradas por trabajadores, campesinos y migrantes, bajo control de consejos obreros, campesinos y indígenas.
- Justicia popular para juzgar a narcotraficantes y sicarios, evitando la impunidad de las élites2.
Unidad popular contra el imperialismo
La lucha contra el crimen organizado no es una batalla contra migrantes o pobres, sino contra el capitalismo que los convierte en mercenarios. La consigna debe ser clara:
«¡Ni mano dura para los explotados, ni impunidad para los explotadores! ¡Abajo el imperialismo y su lumpenproletariado criminal!»
V. La oligarquía peruana y los medios hegemónicos: Fabricando consenso en tiempos de crisis
La oligarquía peruana , heredera de la colonia y el gamonalismo, no solo controla los medios de producción (minas, bancos, agroindustria), sino también los medios de producción ideológica . Junto con el imperialismo estadounidense y europeo, utiliza plataformas mediáticas, redes sociales y algoritmos de control para ocultar las causas estructurales del crimen y desviar la lucha de clases hacia falsos enemigos («delincuentes comunes», migrantes).
1. La oligarquía: Clase dominante y guardiana del neoliberalismo
La oligarquía peruana, integrada por familias como los Benavides, Romero y Brescia, actúa como aliada subordinada del imperialismo. Su poder no solo reside en la propiedad de recursos, sino en su capacidad para ocultar las causas estructurales del crimen y desviar la lucha de clases hacia falsos enemigos (migrantes, «delincuentes comunes»)
- Impulsar políticas neoliberales que precarizan el empleo (80% de informalidad), generando un ejército de desempleados que alimenta la delincuencia.
- Corromper instituciones (Poder Judicial, Ministerio Público) para protegerse de investigaciones por saqueo de recursos o vínculos con el crimen organizado.
- Invocar al «enemigo interno» : Históricamente, la oligarquía ha criminalizado a movimientos sociales (campesinos, sindicatos), justificando represión y militarización.
2. Medios hegemónicos: La fábrica de consenso
Los conglomerados mediáticos (El Comercio, ATV, América TV) son herramientas de dominación ideológica al servicio de la oligarquía. Su función es:
- Criminalizar a las víctimas : Presentan la delincuencia como un «problema de migrantes» o «cultura de la pobreza», evitando mencionar la explotación capitalista3.
- Promover el «mano dura» : Exigen más policía y cárcel, distrayendo del hecho de que el 90% de los presos son pobres, mientras los crímenes de cuello blanco (ej. Lava Jato) quedan impunes1.
- Difundir narrativas imperialistas : Apoyan golpes de Estado (Ej. Bolivia 2019) y campañas contra gobiernos progresistas, usando el miedo al «comunismo» para cohesionar a la clase media2.
3. Redes sociales: Algoritmos de censura y guerra psicológica
Las redes sociales, controladas por empresas como Meta y Google (aliadas del Comando Sur2, actúan como instrumentos de guerra híbrida:
- Fact-checking selectivo: Plataformas como LatamChequea o Verificadores Perú censuran contenido crítico al neoliberalismo, etiquetándolo como «desinformación», pretendiendo ser objetivos, mientras promueven discursos de la USAID y la NED.
- Amplificación de odio: Hay indicios que algoritmos priorizan contenido xenófobo (Ej. «venezolanos = delincuentes») para dividir a la clase trabajadora y justificar políticas migratorias restrictivas3.
- Deslegitimar protestas: Movimientos contra el golpe de estado al Pdte. Pedro Castillo son tildados de «», «violentistas», «terroristas», criminalizando la lucha por los derechos sociales2.
La oligarquía y sus medios no buscan resolver el crimen, sino administrar la miseria para perpetuar su poder.
VI. La clase media y la pequeña burguesía: Entre el miedo y la complicidad con el autoritarismo
La clase media urbana y la pequeña burguesía peruana, golpeadas por la inseguridad y la crisis económica, han sido pieza clave en la movilización de las marchas del 21 y 28 de marzo bajo consignas como #NoQueremosMorir. Sin embargo, su demanda de «mano dura» contra la delincuencia no solo es una respuesta superficial a la violencia, sino una trampa ideológica que refuerza el poder de la oligarquía y el imperialismo. Detrás de estas protestas se esconden fuerzas políticas caviares (liberales y seudo-izquierdistas) que, habiendo apoyado el golpe contra Pedro Castillo en 2022, buscan consolidar un Estado represivo que proteja el modelo neoliberal.

Fuentes imágenes: Captura de Video Canal N, Facebook Corazón Serrano
Diciembre 2022: «Marcha por la paz» en apoyo al golpe de estado contra Castillo, protegida por la policía.
Marzo 2025: «Marcha por la paz» contra la delincuencia.
La clase media cosecha las consecuencias de su ignorancia y falta de solidaridad con los sectores populares.
Desde el materialismo dialéctico, el llamado «por la paz» y las consignas como #NoQueremosMorir reflejan un idealismo pequeño-burgués que ignora las contradicciones materiales del sistema. La paz, en el marco capitalista, no es más que una ilusión si no se transforman las condiciones que generan violencia: la explotación laboral, la desigualdad y la impunidad de las élites.
Engels (en La situación de la clase obrera en Inglaterra , 1845) describe cómo la miseria capitalista empuja a la clase trabajadora a la marginalidad:
«La pobreza extrema convierte al proletario en un esclavo del capital, lo obliga a venderse a sí mismo y a su familia, y lo lleva a la mendicidad, al robo y al crimen» »
Engels (en Anti-Dühring , 1878) analiza también, cómo las crisis económicas son inherentes al capitalismo y generan caos social:
«La producción capitalista engendra constantemente, y con la fuerza natural de una ley férrea, su propia negación»
Este pasaje respalda la afirmación de que el capitalismo produce caos como parte de su dinámica, no como un accidente. Exigir seguridad sin cuestionar el neoliberalismo es como intentar apagar un incendio con gasolina: perpetúa el ciclo de crisis y represión, pues el capitalismo, por su propia naturaleza, produce caos como forma de dominación. Solo una perspectiva materialista dialéctica, que ataque las raíces económicas del crimen, podrá superar el miedo y la complicidad con el autoritarismo.
1. La clase media: Víctima y cómplice del sistema
La clase media peruana, compuesta por pequeños comerciantes, empleados públicos y profesionales precarizados, enfrenta una contradicción de clase :
- Por un lado, sufre directamente la violencia delincuencial (robos, extorsiones) y la crisis económica (80% de informalidad ).
- Por otro, defiende un orden social que la excluye: su aspiración a la «seguridad» la lleva a exigir represión contra los pobres y migrantes, ignorando que el crimen es producto de la explotación capitalista y las políticas imperialistas1.
Esta contradicción la convierte en aliada objetiva de la oligarquía , cuyos medios hegemónicos (El Comercio, América TV) manipulan su miedo para promover agendas autoritarias.
2. Las «caviares»: Fuerza política del capital transnacional
Las marchas contra la delincuencia fueron impulsadas por sectores caviares , término que en Perú designa a la izquierda liberal y a la pseudo-izquierda financiada por el imperialismo. Estos grupos, que respaldaron el golpe contra Pedro Castillo, tienen un doble papel:
- Desviar la lucha de clases: Presentan la delincuencia como un «problema de migrantes» o «cultura de la pobreza», evitando cuestionar la propiedad privada de la oligarquía o la acumulación capitalista.
- Legitimar el autoritarismo: Exigen militarización y estados de emergencia, ignorando que estas medidas históricamente han servido para reprimir a sindicatos, campesinos y movimientos sociales2.
3. ¿Por qué la «mano dura» no resuelve el crimen?
La demanda de represión es funcional al capitalismo por tres razones:
- Ignora las causas estructurales: La delincuencia surge de la precarización laboral (80% de trabajos informales3, la falta de educación pública y la impunidad de las élites. La cárcel no acabará con esto, sino que encarcelará a pobres mientras los crímenes de cuello blanco (ej. Lava Jato) quedan impunes1.
- Refuerza el Estado burgués: La militarización beneficia a las corporaciones mineras y al narcotráfico, que operan con protección policial2.
- Divide a la clase trabajadora: La xenofobia contra venezolanos distraen de la lucha contra el imperialismo y la oligarquía.
4. Peligro de autoritarismo y fascismo
La «mano dura» no es una solución, sino un camino hacia el fascismo.
- Mayor represión contra movimientos sociales: Campesinos y sindicatos serían criminalizados bajo el pretexto de «combatir el crimen»
- Consolidación de un Estado policial: Las mismas fuerzas represivas que ejecutaron la masacre de diciembre de 2022, bajo el gobierno de Dina Boluarte – con un saldo de 80 muertos y más de 1000 heridos durante las protestas contra el golpe de Estado que destituyó a Pedro Castillo actuarían con total impunidad.
La clase media y la pequeña burguesía deben romper con las ilusiones autoritarias y unirse a la lucha popular para una Nueva Constitución y un cambio profundo:
- Exigir justicia social, no represión: Empleo digno, educación pública y nacionalización de recursos.
- Desenmascarar a las «caviares»: Denunciar su complicidad con el imperialismo y su rol en la desestabilización de gobiernos progresistas.
- Construir autodefensa popular: Organizar milicias comunitarias para proteger barrios sin depender del Estado represivo.
VII. Hacia una refundación de un Perú soberano, socialista y plurinacional: La única salida contra el crimen
La crisis de la delincuencia en el Perú no se resolverá con más represión ni con reformas cosméticas al sistema neoliberal. La solución radica en cambiar las raíces mismas del modelo económico, construyendo un Estado socialista plurinacional que garantice soberanía, justicia social y la erradicación de las condiciones que alimentan el crimen. Esto exige una alianza estratégica entre el proletariado, los pueblos originarios, los campesinos y sectores de la clase media dispuestos a romper con el capitalismo (financializado, neoliberal) y su lógica de muerte.
Una nueva constitución socialista plurinacional debe:
- Nacionalizar los recursos naturales (minas, hidrocarburos, litio) y ponerlos al servicio del pueblo, no de las multinacionales.
- Reemplazar la economía extractivista por un modelo de producción diversificado, con énfasis en la agricultura campesina y la industrialización soberana.
- Reconocer los derechos plurinacionales de los pueblos originarios, garantizando su autonomía y control territorial frente al despojo.
La lucha de clases y unidad popular, la refundación del país solo será posible mediante la unidad de las clases explotadas:
- Proletariado urbano: Trabajadores informales, sindicatos y migrantes venezolanos deben organizarse para exigir empleo digno, salud pública y educación gratuita, pilares de un Estado socialista.
- Campesinos y pueblos originarios: Sus luchas contra la minería ilegal, la gran minería y la contaminación ambiental son parte de la resistencia contra el capitalismo depredador. Su alianza con la clase trabajadora es clave para romper el poder de la oligarquía.
- Clase media crítica: Sectores profesionales, pequeños comerciantes y estudiantes deben abandonar las ilusiones de la «mano dura» y unirse a la lucha anticapitalista, entendiendo que su supervivencia depende de la derrota del neoliberalismo.
Recuperar la soberanía: Expulsar al imperialismo y al capital transnacional. La delincuencia no se erradicará mientras el Perú siga subordinado a EE.UU. y la UE. La refundación socialista exige:
- Expulsar al Comando Sur y cerrar bases militares que facilitan el narcotráfico y el control imperialista2.
- Romper con el Pacto de Marrakech y las políticas migratorias que instrumentalizan a venezolanos para generar caos.
- Prohibir la usura y el lavado de dinero: Nacionalizar la banca y fiscalizar las transacciones sospechosas vinculadas al crimen organizado.
La nueva constitución y la transformación socialista: Única vía para acabar con el crimen. El crimen organizado y la violencia son hijos del capitalismo. Solo un Estado proletario podrá:

Fuente imagen: Captura Video Canal N
- Reprimir el lumpenproletariado instrumentalizado por las élites, mediante milicias populares y justicia comunitaria.
- Garantizar empleo y educación: Eliminar las causas materiales de la delincuencia (desempleo, pobreza) con un plan de industrialización socialista.
- Acabar con la impunidad de las élites: Juzgar a políticos, empresarios y narcotraficantes que han saqueado el país.
Conclusión: Por un Perú socialista, plurinacional, sin delincuencia ni opresión
La delincuencia que desangra al Perú no es un fenómeno aislado, sino el resultado inevitable del capitalismo neoliberal y la dominación imperialista. Desde la esclavitud colonial hasta la guerra del opio, desde las doctrinas de Rumsfeld-Cebrowski hasta la migración artificial venezolana, el sistema ha utilizado la violencia y el caos para perpetuar la explotación. La oligarquía, los medios hegemónicos y el Comando Sur actúan como aliados del crimen organizado, protegiendo intereses transnacionales mientras sacrifican al pueblo.
La demanda de «mano dura» y represión, impulsada por la clase media y las fuerzas caviares, no resolverá el problema. Por el contrario, profundizará el autoritarismo y dividirá a la clase trabajadora. La única salida es romper con el modelo económico neoliberal y construir un Estado socialista plurinacional que:
- Nacionalice los recursos naturales (minas, hidrocarburos, litio) para ponerlos al servicio del pueblo.
- Expropie al capital transnacional y acabe con el saqueo imperialista.
- Unifique a trabajadores, campesinos y migrantes en una lucha común contra la explotación.
La refundación del país exige una transformación profunda que erradique las raíces del crimen: la miseria, la desigualdad y la dependencia. Solo así se garantizará seguridad, justicia y dignidad para todas las clases explotadas.
¡Nueva Constituyente ya!
¡Contra la delincuencia, nacionalización de los recursos y reparto de las riquezas!
¡No al imperialismo y la burguesía transnacional, responsables del caos!
Fuentes:
(1) GREENBERG, David F. – Crime and Capitalism (1993)
(2) CAPOTE Raúl Antonio – Guarimbas, los gestores del caos (2024)
(3) NAVARRO CENTI Christian Faruk – Migración artificial venezolana (2023)
Nota: Las estadísticas sobre el aumento del crimen bajo Boluarte se basan en datos del INEI y análisis de prensa local, extrapolados de tendencias reportadas en 2023-2024.

Muy bien: nacionalización de nuestros recursos naturales; expropiación al capital transnacionales y unificación de la clase trabajadora.
Es urgente tener un gobierno soberanista y nacionalista y urgente la restitucion de 1979 para recuperar recursos estrategicos para la economia del pueblo y despues una nueva cobstitucion donde este representados todos los pueblos