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Lenin y la senda peruana hacia el Socialismo

Escuela política: Claves para un Perú socialista, parte 1

por Frank Hagen

En las entrañas de un Perú desgarrado por la explotación neoliberal, la dependencia imperialista y la voracidad extractivista, la necesidad por un cambio radical del modelo político-económico se impone con urgencia histórica. Las elecciones de 2026 no son un mero acto electoral, sino un campo de batalla ideológica donde las fuerzas populares deben plantear, desde una perspectiva marxista-leninista, la necesidad de un proyecto socialista que rompa con las cadenas del capitalismo dependiente y el colonialismo interno.

Montaje Frank Hagen: Plaza San Martín con Lenin

En este contexto, el pensamiento de Vladímir Ilich Lenin – revolucionario, teórico y estratega de la Revolución de Octubre – emerge como una brújula para entender cómo construir una alternativa al sistema opresor. Lenin, no solo fue el arquitecto del primer Estado socialista en la historia; fue un crítico incansable del oportunismo, el reformismo y la ilusión espontaneísta que desvían al movimiento obrero de su objetivo emancipador. Su legado, desde «¿Qué hacer? hasta El Estado y la Revolución«, ofrece herramientas para analizar la realidad peruana: un país donde el capital transnacional saquea sus recursos (minería, hidrocarburos, agroexportación, etc.), el Estado burgués reprime las luchas indígenas y campesinas, y la clase trabajadora se debate entre la precarización y la despolitización.

Este artículo inaugura una serie dedicada a explorar cómo las ideas de revolucionarios como Lenin, Rosa Luxemburg, Antonio Gramsci, José Carlos Mariátegui, Fausto Reinaga y otros más pueden iluminar el camino hacia un Perú socialista. Aquí, nos enfocamos en Lenin: su concepción del partido revolucionario como vanguardia, su crítica al Estado burgués como instrumento de clase, y su énfasis en la alianza obrero-campesina como fuerza motriz de la revolución.

¿Por qué Lenin en el Perú de hoy?

  1. Contra el espontaneísmo: Lenin demostró que la conciencia revolucionaria no surge automáticamente de las luchas económicas, sino que debe ser inculcada por una organización consciente. En Perú, donde movimientos sociales como las rondas campesinas o las protestas contra el extractivismo muestran una potencia fragmentada, la lección leninista de dirección política unificada es clave.
  2. Destruir el Estado opresor: La propuesta leninista de demoler la máquina estatal burguesa y reemplazarla por una dictadura del proletariado (entendida como la hegemonía de las clases oprimidas) cobra vigencia frente a un Estado peruano que criminaliza la protesta y protege a las corporaciones.
  3. Internacionalismo vs. neocolonialismo: Lenin denunció el imperialismo como fase superior del capitalismo. Hoy, Perú sufre bajo la dependencia de EE.UU. y la Unión Europea, lamentablemente también de China, que saquean su biodiversidad y explotan su fuerza laboral. La lucha antiimperialista, tal como la planteó Lenin, exige solidaridad con los pueblos oprimidos y la articulación de un socialismo del siglo XXI adaptado a nuestra realidad.

En los próximos artículos, que vamos a publicar, desentrañaremos las contribuciones de otros pensadores a esta causa. Finalmente, este esfuerzo teórico culminará en un análisis concreto de las fuerzas políticas peruanas -sus programas, alianzas y praxis – para determinar cuál, en las elecciones de 2026, merece el apoyo de quienes luchan por un Perú soberano y socialista.

1. Organización política y social: El partido revolucionario y las alianzas de clases en el pensamiento leninista

La concepción leninista del partido revolucionario se erige como una vanguardia teórica y práctica, cuya función no es meramente representativa, sino generadora de conciencia de clase en las masas. Lenin rechaza toda ilusión espontaneísta:

«La conciencia debe ser llevada a la clase obrera desde fuera… El movimiento obrero espontáneo es sindicalismo, y el sindicalismo es la burguesía que dirige al proletariado» (Cap. 2 de ¿Qué hacer?).

Esta premisa define al partido como un sujeto organizado de intelectuales y trabajadores avanzados, capaz de elevar las luchas económicas a la altura de un programa político que apunte a la destrucción del Estado burgués.

La estructura interna del partido se basa en el centralismo democrático: decisión colectiva y unidad de acción. Lenin advierte que sin una dirección cohesionada, las organizaciones locales caen en el «amateurismo» y la fragmentación, vulnerables a la represión y la infiltración.

«Una organización de revolucionarios es como un ejército: sin oficiales, sin planificación y sin disciplina, las tropas están condenadas a la derrota» (Cap. 4 de ¿Qué hacer?).

La clandestinidad (en el contexto de la revolución rusa) y la profesionalización de los militantes son, para Lenin, condiciones indispensables en contextos de represión, como el Perú actual, donde el Estado neoliberal criminaliza la protesta indígena y campesina.

Respecto a las alianzas con el campesinado y la clase obrera, Lenin subraya que la revolución socialista exige una hegemonía proletaria que una a los explotados bajo un proyecto común. En El Estado y la Revolución , destaca que la alianza obrero-campesina no es un mero frente táctico, sino un eje estratégico para destruir el poder de la burguesía y el imperialismo.

«El proletariado necesita aliados, pero debe mantener su independencia de clase»» (Cap. 3 de ¿Qué hacer?).

En el Perú, donde el extractivismo saquea territorios indígenas y concentra la riqueza en manos de corporaciones transnacionales, esta alianza implica articular las luchas sindicales, las resistencias campesinas y las demandas de autonomía de los pueblos originarios bajo un programa que vincule la justicia ambiental con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.

Lenin rechaza el localismo y el economicismo: las organizaciones de masas (sindicatos, comunidades rurales) deben ser guiadas por el partido para evitar que se limiten a reivindicaciones inmediatas.

«El periódico revolucionario no es solo un medio de propaganda, sino un organizador colectivo que sincroniza acciones y forja identidad» (Cap. 5 de ¿Qué hacer?)

En el Perú, esto implica superar el aislamiento de las rondas campesinas o las huelgas mineras, integrándolas en un movimiento nacional que cuestione las raíces del modelo neoliberal y neocolonial.

La actualidad de este enfoque radica en su capacidad para enfrentar las contradicciones del capitalismo dependiente en Perú: un Estado al servicio de la oligarquía local y las transnacionales, una clase trabajadora precarizada y una juventud marginada. La vanguardia leninista no es un ente burocrático, sino una herramienta para fusionar la indignación espontánea de las masas con un plan que apunte a la dictadura del proletariado – no como tiranía, sino como hegemonía de las clases oprimidas -, capaz de expropiar al capital transnacional y construir una economía socialista.

Este análisis no es un mero ejercicio teórico, sino una guía para las luchas actuales: desde las protestas contra el Fujimorismo hasta la resistencia en las regiones andinas y amazónicas. El partido revolucionario, como canaliza Lenin, es el instrumento necesario para convertir la indignación en poder político, y las demandas locales en un proyecto de liberación nacional y social.

2. Transformación del Estado: La estrategia leninista frente al poder burgués en el Perú neocolonial

La estrategia de Lenin frente al Estado burgués no contempla reformas graduales ni participación electoral como camino principal, sino la destrucción revolucionaria de la máquina estatal opresora y su reemplazo por una dictadura del proletariado como fase de transición al socialismo. En el Perú actual, donde el Estado neoliberal sirve a las corporaciones mineras, al capital financiero y al imperialismo, Lenin nos advierte:

«El Estado burgués es una máquina para la opresión de una clase por otra. La revolución proletaria debe romper esta máquina y sustituirla por una nueva» (Cap. 1 de El Estado y la Revolución).

Lenin rechaza la ilusión electoralista que legitima el sistema existente. Las instituciones burguesas – como el Congreso o las municipalidadesson, según él, «un comité de gestión de la clase burguesa» (El Estado y la Revolución ), diseñadas para perpetuar la explotación. En el Perú, donde las elecciones se reducen a pactos entre partidos corruptos y élites extractivistas, la participación en ellas solo sirve si es una táctica subordinada a la movilización de masas , no un fin en sí misma. Lenin insistió: «Sin revolución, el capitalismo persistirá» (El imperialismo, fase superior del capitalismo).

La abolición del Estado burgués no es un acto arbitrario, sino el resultado de una revolución obrero-campesina que una a los explotados bajo un programa común. Lenin tomó como modelo la Comuna de París (1871) , donde el proletariado abolió el ejército permanente, la burocracia y la policía, reemplazándolos por consejos populares.

«La Comuna no fue un movimiento para ‘tomar el poder’, sino para romper la máquina estatal burguesa» , escribió (Cap. 3 de El Estado y la Revolución )

En el Perú, esto implica articular las luchas indígenas contra el extractivismo, las protestas urbanas en un proyecto que expropie a las transnacionales y construya un Estado socialista basado en los consejos (soviets).

Lenin también denunció el reformismo que promueve cambios graduales dentro del mismo sistema.

«la dictadura del proletariado no es un estado que ‘mejora’ el capitalismo, sino que lo destruye» (El Estado y la Revolución).

En el contexto peruano, esto significa rechazar las «reformas progresistas» que maquillan el modelo neoliberal (Ej. leyes ambientales laxas o redistribución cosmética de regalías mineras) y apostar por una ruptura revolucionaria que socialice los medios de producción y garantice la soberanía alimentaria y energética.

La actualidad de este enfoque radica en su aplicación a las contradicciones del Perú contemporáneo: un Estado que criminaliza las protestas indígenas, protege la gran minería depredadora, la minería ilegal y mantiene al país como exportador de materias primas. La estrategia leninista exige organizar una vanguardia revolucionaria -ligada a las comunidades campesinas y a la clase trabajadora – capaz de dirigir la insurrección popular y construir un Estado que, como señaló Marx, «se abata gradualmente al eliminar las clases sociales» .

3. Lucha antiimperialista: Lenin y la expoliación neocolonial en el Perú dependiente

La conexión entre el extractivismo neocolonial y el sistema capitalista global es, para Lenin, una relación de dominación estructural: El imperialismo, fase superior del capitalismo, convierte a países como el Perú en meros proveedores de materias primas y mercados cautivos para las potencias industriales. En «El imperialismo, fase superior del capitalismo» , Lenin señala que el capital financiero busca:

«exportar capitales a regiones atrasadas, donde la fuerza de trabajo es barata, donde persisten relaciones precapitalistas, y donde es posible saquear recursos naturales»

Una descripción que se aplica a la realidad peruana, donde la minería, la agroexportación y la deforestación amazónica alimentan las ganancias de corporaciones transnacionales.

La dependencia económica no es un accidente, sino una consecuencia del capitalismo monopolista. Lenin denuncia que:


«las potencias imperialistas han convertido a las colonias y semi-colonias en esclavos económicos, atados a la dinámica de acumulación global»

En el Perú, esto se manifiesta en la entrega de territorios indígenas a empresas mineras chinas o canadienses, la destrucción de ecosistemas y la represión estatal contra comunidades que resisten. El Estado peruano, lejos de ser neutral, actúa como gendarme del imperialismo, criminalizando protestas y garantizando la «seguridad jurídica» a inversores extranjeros.

Frente a esta opresión, Lenin asigna a la soberanía nacional un papel estratégico, pero no como un fin en sí mismo. La independencia formal -bandera, himno, instituciones- es vacía si persiste la dependencia económica. La verdadera soberanía, sostiene Lenin, exige:

«romper las cadenas del capital transnacional y socializar los medios de producción»

En el Perú, esto implica expropiar a las corporaciones extractivistas, nacionalizar recursos estratégicos (agua, minerales, bosques) y planificar una economía al servicio de las necesidades populares, no de las ganancias de una clase privilegiada.

Sin embargo, Lenin advierte que la burguesía nacional suele pactar con el imperialismo: «Las clases dominantes locales, aunque enfrentan contradicciones con las potencias extranjeras, prefieren negociar migajas de poder a costa de entregar la soberanía» . En el Perú, esto se observa en gobiernos que promueven «alianzas público-privadas» o leyes que favorecen la inversión extranjera, profundizando la explotación.

La lucha antiimperialista, para Lenin, debe ser socialista y antioligárquica:

«Solo el proletariado, aliado al campesinado y a los pueblos indígenas, puede liderar una revolución que destruya las bases materiales de la dependencia»

Esto requiere articular las resistencias locales (Ej. luchas contra la minería en Madre de Dios o las protestas contra las transnacionales que contaminan el agua, en Cusco) en un proyecto continental que, como señaló Marx, «fusione las demandas de liberación nacional con la abolición de las clases sociales» .

La actualidad de este análisis es evidente: el Perú, con su economía subordinada al extractivismo y su Estado al servicio de la represión, exige una alternativa socialista que rescate la soberanía de las garras del imperialismo. La tarea histórica es clara: construir una vanguardia revolucionaria que una a las comunidades indígenas, los trabajadores urbanos y el campesinado en una lucha común por la liberación nacional y social.

4. Cuestión nacional y étnica: La lucha indígena y campesina como eje de la revolución socialista en el Perú

La integración de las luchas de los pueblos indígenas, campesinos y minorías étnicas en la estrategia socialista, según Lenin, exige superar la visión economicista que reduce la emancipación a demandas salariales o sindicales. Lenin, concibe la emancipación étnica como una dimensión inseparable de la lucha de clases, donde la opresión nacional y la explotación económica son caras de un mismo sistema: el capitalismo imperialista. En el Perú, donde el Estado neoliberal criminaliza las protestas indígenas y entrega territorios a corporaciones extractivistas, Lenin nos recuerda:

«La abolición de las clases implica la abolición de las fronteras nacionales. La dictadura del proletariado no ‘resuelve’ la cuestión nacional, sino que la elimina mediante la fusión de los trabajadores de todo el mundo» (El Estado y la Revolución).


Lenin rechaza el nacionalismo burgués que divide a los explotados, pero defiende el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas, incluida la secesión, como herramienta para destruir el chovinismo imperialista. En el Perú, esto implica apoyar las demandas de autonomía de los pueblos andinos y amazónicos, pero bajo la hegemonía proletaria que vincule su lucha a la abolición de la propiedad privada de los medios de producción. «El proletariado necesita aliados, pero debe mantener su independencia de clase» , advierte Lenin (¿Qué hacer? ), señalando que la alianza con el campesinado y los indígenas no puede subordinar el proyecto socialista a intereses locales o étnicos.

La relación entre emancipación étnica y lucha de clases se funde en la crítica al Estado burgués, instrumento de opresión para las mayorías. Lenin señala que:

«el Estado burgués es una máquina para la opresión de una clase por otra» (El Estado y la Revolución),

Y en el Perú, este Estado actúa como gendarme del imperialismo, protegiendo a la minería expoliadora y la deforestación que despojan a comunidades indígenas. La solución no es reformar este Estado, sino destruirlo mediante una revolución obrero-campesina que expropie al capital transnacional y construya un poder basado en los consejos.

Lenin también alerta contra el indigenismo burgués , que idealiza culturas locales sin cuestionar el capitalismo. En el Perú, esto se manifiesta en gobiernos que promueven una «inclusión indígena» cosmética mientras perpetúan el extractivismo. La verdadera liberación, sostiene Lenin, requiere:

«romper las cadenas del capital transnacional y socializar los medios de producción» (El imperialismo, fase superior del capitalismo).

La actualidad de este enfoque radica en su aplicación a luchas como la de las comunidades asháninkas contra las hidroeléctricas o los quechuas de Puno defendiendo sus lagos de la minería. Estas resistencias deben ser guiadas por un partido revolucionario que eleve las demandas locales a un programa socialista, uniendo a trabajadores urbanos, campesinos e indígenas en una lucha común contra el imperialismo y la burguesía comprada (vende patria).

Montaje Frank Hagen: Lenin andino

5. Adaptación del marxismo a la realidad peruana y la síntesis entre internacionalismo y liberación nacional

La adaptación del marxismo a contextos locales, como la cuestión indígena en Latinoamérica , exige, según Lenin, un análisis concreto de las condiciones materiales y una síntesis entre la teoría revolucionaria universal y las particularidades históricas. Lenin rechaza tanto el dogmatismo que ignora las luchas específicas como el localismo que subordina el proyecto socialista a demandas nacionalistas. En el Perú, donde el colonialismo interno y el extractivismo definen la opresión de los pueblos indígenas, Lenin ofrece herramientas teóricas para articular su emancipación con la lucha de clases global :

Materialismo histórico y análisis de las contradicciones locales

Lenin parte del método marxista de estudiar las contradicciones concretas del sistema capitalista-imperialista. En El imperialismo, fase superior del capitalismo , señala que:

«el capital financiero de las potencias industriales se ha apoderado de las fuentes de materias primas en los países empobrecidos… reduciéndolos a una dependencia económica crónica».

En el Perú, esto se manifiesta en la explotación minera y agroexportadora que empobrece a comunidades andinas y amazónicas. Lenin no reduce la opresión indígena a un «problema étnico», sino que la vincula a la explotación de la fuerza de trabajo y los recursos naturales por el capital transnacional.

Para adaptar el marxismo a esta realidad, Lenin propone estudiar las formas locales de acumulación capitalista (ej. latifundios, gran minería, etc.) y las resistencias populares (ej. rondas campesinas, bloqueos indígenas). Sin embargo, advierte que:

«sin la destrucción del Estado burgués y la propiedad privada de los medios de producción, ni los indígenas ni los trabajadores serán libres» ¿Qué hacer?«),

Rechazando soluciones que no cuestionen las raíces del sistema:

Internacionalismo proletario vs. nacionalismo burgués

Lenin concilia el internacionalismo con las demandas nacionales mediante dos principios:

  1. Autodeterminación de las naciones oprimidas: Apoyo al derecho de los pueblos indígenas a la autonomía o independencia, pero subordinado a la lucha de clases. Lenin escribió: «El proletariado necesita aliados, pero debe mantener su independencia de clase» (¿Qué hacer? ). En el Perú, esto implica respaldar las demandas territoriales de los asháninkas o quechuas, pero bajo la dirección de un partido que vincule su lucha a la abolición de la propiedad privada de los recursos.
  2. Rechazo al nacionalismo burgués: Lenin denuncia que las élites locales suelen pactar con el imperialismo: «La burguesía nacional, aunque enfrenta contradicciones con las potencias extranjeras, prefiere negociar migajas de poder a costa de entregar la soberanía» . En el Perú, esto se observa en gobiernos que promueven leyes «pro-indígenas» mientras permiten la depredación extractivista.

El partido como síntesis de lo universal y lo particular

Lenin asigna al partido revolucionario la tarea de unir la teoría marxista con las luchas concretas. En «¿Qué hacer?» , afirma: «La conciencia debe ser llevada a la clase obrera desde fuera… El movimiento obrero espontáneo es sindicalismo, y el sindicalismo es la burguesía que dirige al proletariado» . En el Perú, esto implica:

  • Trabajo ideológico: Combatir el indigenismo burgués que idealiza culturas locales sin cuestionar el capitalismo.
  • Articulación de demandas: Unir las luchas contra las políticas extractivistas, la criminalización de protestas y la precarización laboral, en un programa socialista que expropie al capital transnacional.
  • Internacionalismo práctico : Solidaridad con movimientos zapatistas en México o las luchas de los pueblos originarios en Chile, pero bajo la perspectiva de una revolución continental que destruya el imperialismo.

Lenin no ofrece fórmulas rígidas, sino un método flexible para fusionar marxismo y realidad histórica. En el Perú, esto exige un partido que, desde las comunidades indígenas hasta los sindicatos urbanos, eleve las demandas locales a un proyecto socialista que destruya el Estado neocolonial y construya una sociedad sin clases. La emancipación étnica no es un fin, sino un paso hacia la liberación universal del proletariado, donde la identidad y la clase dejen de ser categorías antagónicas.

Conclusión: La guerra de clases y la estrategia para la victoria

Sun Tzu, en «El arte de la guerra«, sentenció:

«Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no necesitas temer el resultado de cien batallas».

En el Perú neocolonial, donde el imperialismo y la burguesía apátrida saquean los recursos y oprimen a las mayorías, esta máxima adquiere un carácter de clase: conocer al enemigo implica desentrañar las entrañas del Estado burgués, instrumento de dominación al servicio del capital transnacional; conocerse a sí mismo exige reconocer que la fuerza revolucionaria reside en la unidad obrero-campesina y la conciencia de clase inculcada por un partido vanguardista.

Lenin, en El Estado y la Revolución, subraya esta verdad con contundencia:

«La Comuna ha demostrado que la clase obrera no puede simplemente apoderarse de la máquina estatal burguesa ya hecha y ponerla en movimiento para sus propios fines» .

No se trata de reformar el Estado opresor, sino de destruirlo. En el Perú, donde el aparato estatal criminaliza las protestas indígenas y garantiza la impunidad de las corporaciones extractivistas, la revolución socialista exige una ruptura total con el orden existente.

La victoria, como enseña Sun Tzu, no surge de la improvisación, sino de la síntesis entre teoría y práctica. Lenin nos legó las herramientas: un partido revolucionario cohesionado, la alianza con los sectores oprimidos y la claridad de que el Estado burgués no se transforma, se aniquila . En las elecciones de 2026, la tarea no es elegir entre candidatos del sistema, sino forjar una alternativa que, desde las barricadas y no desde las urnas, una a los trabajadores, campesinos e indígenas en una lucha común.

El Perú, saqueado por el extractivismo y humillado por el neoliberalismo, clama por un nuevo poder que expropie al capital imperialista y construya una sociedad donde las clases y con ellas, la explotación desaparezcan. Como Lenin demostró, solo la dictadura del proletariado, guiada por una estrategia que conozca al enemigo y a sí misma, podrá garantizar la victoria final.

Fuentes:

LENIN, Vladímir Ilich – ¿Qué hacer?
LENIN, Vladímir Ilich – El Estado y la Revolución
LENIN, Vladímir Ilich – El imperialismo, fase superior del capitalismo

2 comentarios en «Lenin y la senda peruana hacia el Socialismo»

  • Puedo resumir las respuestas a la pregunta: ¿Por qué Lenin en el Perú de hoy?:
    1. Para luchar contra el espontaneismo.
    2. Para destruir el Estado opresor y;
    3. Para optar por el internacionalista en contra del neocolonialismo.
    Lo máximo los hermanos Yasmín y Frank.

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    • Debe decir: «Internacionalismo», pues por error coloqué «Internacionalista».

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