El balón de gas a 100 soles. ¿Pronto será un lujo?
Por: Frank Hagen
La Asociación de Plantas Envasadoras de Gas (ASEEG) acaba de encender las alarmas: el precio del balón de gas de 10 kg, del que dependen más de 7 millones de hogares peruanos, podría dispararse hasta los 80 o 100 soles. Abel Camasca, gerente general de ASEEG, advirtió que el incremento es «inminente» y que cada planta, en función de sus costos, tendrá que ajustar sus precios. La razón inmediata es conocida: la paralización de la planta de Pluspetrol en Pisco por la rotura del ducto de TGP ha roto la cadena de suministro. Las cisternas que antes cargaban en 14 horas ahora tardan hasta cinco días, y los costos logísticos se han disparado. Pero lo que parece una noticia técnica es, en realidad, una confesión brutal: el precio del gas lo fija el mercado, no la necesidad popular.

Fuente: Qwen IA
Detrás de esta advertencia se esconde la estructura de propiedad que hemos denunciado. La planta de Pisco es del Consorcio Camisea, el mismo grupo privado (Pluspetrol, Hunt Oil, Repsol, SK Innovation) que exporta GLP a precios internacionales mientras el país se queda sin gas. La misma empresa que hoy no puede abastecer el mercado interno es la misma que, cuando el ducto funcione, venderá su producto al mejor postor global. La crisis actual no es un accidente; es la manifestación de una contradicción insalvable: los recursos estratégicos en manos privadas no existen para servir al pueblo, sino para maximizar la ganancia de sus accionistas. Cuando la balanza se inclina, como ahora, el pueblo paga el pato.
Mientras el gobierno aumenta el Vale FISE de 20 a 30 soles para los más pobres, la ASEEG recomienda a la población usar la app «Facilito» para comparar precios y «comprar en lugares autorizados». Es la caricatura de la solución capitalista: el Estado migaja, el mercado decide, y las familias tienen que ingeniárselas para sobrevivir. Pero ningún aplicativo detendrá el alza cuando el costo real del GLP importado —que ya reemplaza al de Camisea— se cotiza en dólares a precios de guerra. La advertencia de los 100 soles no es una especulación: es la lógica del capital llevada hasta sus últimas consecuencias. Y nos recuerda, una vez más, que mientras el gas sea negocio privado, la cocina de los pobres será variable de ajuste.
